Sudeste Asiático

 DIA 8  15-4-2009 PHNOM PENH
Monumento de la Independencia, Tuol Sleng, varios templos, Plaza del Palacio Real. Tristeza e impresión que no olvidaremos jamás.

Nos hemos levantado temprano para evitar en lo posible el calor. Hemos desayunado en los jardines junto a la piscina y luego bañito en la nuestra. Hemos ido andando hasta el Monumento a la Independencia. Está muy cerca del hotel, por lo que hemos tardado poco. El monumento está situado en una de las pocas rotondas que hay en la ciudad, por lo que no es visitable. Creo que pocos llegarían a él si lo fuese, porque las rotondas son la jungla de las carreteras camboyanas. Pasa normalmente primero el vehículo más grande, eso sí, con la premisa de que ningún vehículo para nunca mientras circula bajo ningún concepto. Siguiendo con la descripción del monumento es de esos colores que ni los hombres sabemos (yo diría marrón tirando a rojo) y las mujeres se inventan. Nos pareció bonito y tiene un significado muy importante para el país.Muy cerca hay un templo llamado Wat Lanka muy animado a primera hora por el segundo día de rezos del nuevo año. Las pagodas son muy grandes y coloridas, en general muy bonitas todas. No entendemos que se diga que no merece la pena Phnom Penh o que sólo está el Palacio Real. Cada templo merece una visita y en cualquier ciudad hay bastantes. Para ver los de la capital se necesitaría una semana, no descartaríamos ninguno.  

A la salida del templo, había varios tuk tuk, pero la mayoría con la tarifa plana de 2$ el trayecto. Hemos andado un poco y le hemos preguntado a una de las muchas motos que también ofrecen transporte que nos llevara a Tuol Sleng por 1$, para además vivir la aventurilla de ir 3 en la moto (estaba cerca mamá, sólo 2 km). De todas formas es casi la ocupación mínima, ya que hemos llegado a ver 6 personas en una moto. Tuol Sleng, sólo nombrarlo me da escalofríos. Era un instituto a mediados de los años 70. Cuando Pol Pot y el Khmer Rouge (Jemer Rojo) llegaron al poder a través del terror, este instituto se convirtió en un infierno como no creo que haya habido otro en el mundo. Torturaron y enviaron a la muerte a más de 20.000 personas cuyo crimen era ser estudiante, profesional con estudios, campesino, extranjero, escritor… Una locura, no se entiende nada de lo que allí ocurrió.  No se sabe con datos exactos, pero mataron a casi 2 millones de personas, en una población que era de unos 12 millones, un auténtico genocidio. Querían una sociedad dedicada a trabajar en el campo, sin estudios, para lo que obligaron a la población a dejar sus casas y trasladarse sin pertenencias a campos de trabajo vigilados por soldados. Se esclavizó a un país entero para el beneficio de Pol Pot y unos cuantos seguidores igual de locos. Se pudo mantener 4 años gracias a matar al que no los apoyara o no quisiera trabajar en el campo. Increíblemente, el mundo no hizo nada desde 1975 a 1979, sólo Vietnam y la Unión Soviética ayudaron a liberar a la población después de años de tortura y matanzas. Pol Pot murió en 1998 en Tailandia, después de llevar 20 años exiliado, una vez más ante la impunidad e inoperancia mundial. Desde allí controló algunos asesinatos selectivos de personas de su propio gobierno, para intentar tapar las atrocidades del pasado. Ahora están juzgando a algunos responsables más, pero hay tanta corrupción en los poderes políticos que nadie confía que esto termine como debería, con los responsables del genocidio condenados a muerte.

Entramos al recinto que tiene 4 edificios, previo pago de 2$. El primer edificio, el A, era el lugar dónde torturaban a la gente. Las aulas, habitaciones vacías, sólo tienen camas oxidadas y fotos de los últimas 14 personas que mataron, justo antes de entrar los vietnamitas a controlar la ciudad. Es suficientemente duro como para dejarte impactado durante toda la visita, además de para toda la vida. El edificio B alberga parte de la colección de imágenes desgarradoras de personas que pasaron por Tuol Sleng (torturadores y torturados). Se encargaron de fotografiar a muchos de los que torturaron antes y después de morir. Hay una imagen de una mujer sosteniendo a su niño antes de que la mataran partiéndole el cráneo. En el edificio C hay celdas individuales, tétricas y se indica que algunos de los presos se suicidaban antes de ser torturados. Finalmente, en el edificio D, se pueden observar fotos de las fosas comunes y cientos de cráneos. Es muy duro ver estas imágenes, pero más duro fue para una gran parte de este país vivir ese infierno. Es imprescindible visitar al menos este museo del genocidio para conocer parte de la historia reciente de Camboya. Se sale de allí y parece mentira que todo vuelva a la normalidad en Phnom Penh. Parece como si pudiera volver a pasar, ya que no se castiga a los culpables y hay mucha gente que perteneció al Jemer Rojo incorporada a la vida diaria, como si no hubiera sucedido nada. Al salir de allí, lo normal es dirigirse a los Killing Fields, terrenos situados en las afueras de la ciudad, usados como campos de exterminio. Teníamos suficiente, así que decidimos seguir viendo la ciudad, inmersa en sus celebraciones y disfrutando de vacaciones la mayoría de sus habitantes. Pedimos a un tuk tuk que nos llevara al mercado ruso, que estaba cerrado al 90% pero tenía un templo interesante en los alrededores. Lo visitamos y de nuevo otro tuk tuk nos llevó a descansar a nuestro hotel.  

Esta vez comimos en el patio de la habitación, junto a la piscina, que utilizamos repetidas veces para quitarnos el calor. Pedimos un sándwich y un quiche que nos supieron mucho mejor por comerlos sabiendo que no tendríamos que salir nada más terminarlos a la calle. Nos refugiamos un par de horas entre la habitación con aire acondicionado y la piscina y aprovechamos para ver internet con nuestro miniportátil gracias a la red wifi del hotel.

Una vez pasadas las horas de máximo calor, salimos a la calle para dar una vuelta y ver las celebraciones de ese día. De nuevo mucha gente por la calle, subida en las motos de 4 en 4, de 5 en 5 y hasta alguna de 6 en 6 personas. Espectacular cualquier escena cotidiana con este medio de locomoción. Niños, ancianos, monjes, todos se habitúan a compartir las motos, ya sea de pie o sentados de lado. Nos paramos junto a un cruce en la avenida que va desde el Monumento a la Independencia hasta el río e hicimos varias fotos y vídeos, ante la sonrisa de los protagonistas. Llegamos hasta el inicio de Sisowath Quay y nos encontramos la calle cortada por obras. Un hombre se ofreció a llevarnos en tuk tuk (cobrando, por supuesto) a pesar de estar celebrando con su mujer la llegada del nuevo año. Así que nos fuimos los 4 hasta la zona de restaurantes para extranjeros, también a orillas del río. Justo paramos en las oficinas de una empresa de autobuses (Angkor Express), ya que queríamos comprar el billete para el día siguiente ir a Battambang. Nos costó 6€ por persona, aunque el precio habitual es de 3,5€, pero ya se sabe, con las fiestas todo es más caro. El recorrido es de 300 km y nos prometieron autobús vip, agua y toallitas frescas.

Decidimos hacer el recorrido a pie de vuelta hasta el hotel, pero vimos la plaza frente al Palacio Real muy animada y nos sentamos en las explanadas de césped. El Palacio Real con iluminación “navideña” era un marco perfecto para nuestra despedida de Phnom Penh. Estuvimos más de una hora disfrutando del ambiente del lugar y fue el único lugar dónde vimos algunas actitudes sospechosas de algunos individuos. Un extranjero, de unos 40 años y con aspecto extraño se nos acercó para preguntarnos si hablábamos inglés, nos hicimos un poco los locos y siguió su camino. Más tarde lo vimos hablando con otras 2 extranjeras, quiénes hablaron con él 5 minutos. Al irse, las chicas no paraban de mirar para atrás. También vimos 2 camboyanos que daban vueltas buscando algo. Phnom Penh tiene mala fama pero podemos decir que hemos estado todo el tiempo muy tranquilos y sin ningún temor. Te puedes meter en algún lío en discotecas y estando de juerga hasta tarde. Llegamos al hotel y como habíamos comido tarde, nos comimos unas galletas y poco más antes de dormir. El calor nos quitaba el hambre.

  Aquí podéis ver las mejores fotos de Phnom Penh  

 

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