Sudeste Asiático

  DIA 5  12-4-2009 KUALA LUMPUR
Torres Petronas, Triángulo de oro, Tean Hou Temple, compras en Chinatown. Hipnotizados por las Petronas.

Por fin llegó uno de los días más esperados del viaje, la subida a las torres Petronas. Estábamos avisados de las colas para sacar la entrada, que es gratis. Abren las taquillas a las 8:30 y aconsejan llegar antes. Al ser domingo y ser las vacaciones del Easter en medio mundo, temíamos tener problemas para conseguirlas. A las 7:45 llegamos, pensando que seríamos de los primeros y nos encontramos con representantes de todas las razas, religiones, países, en una fila interminable encerrada en una sala pequeña para estos menesteres. Resignados, sólo nos quedaba esperar y observar a la gente. En poco tiempo vinieron muchas más personas, hasta que llegó un momento en que no permitieron ponerse a nadie más en la cola. Sobre las 9:30 conseguimos nuestra entrada para las 12:00 y nos fuimos al hotel a desayunar. Solemos desayunar nada más levantarnos, así que casi 3 horas más tarde y en un buffet libre tan amplio y rico, nos comíamos hasta al Mani empanao. Vaya desayuno, continental no, intercontinental: bacon, salchichas, fruta, huevos escalfados, bollería variada, zumos, gofres, bocatas de chacina… Nos pusimos las botas.

Volvimos andando a las Petronas, a unos 5 minutos del hotel y aprovechamos para hacer fotos desde la parte de la entrada principal. Muy curioso es un personaje vestido de monje, con poca memoria, que cada vez que te ve te ofrece una estampita de Buda, muy bonita. Le habíamos dicho 2 veces que no, pero probamos a cogerla y nos sacó un libro con apuntes de donaciones para su templo. Le dijimos que no y le devolvimos las estampitas. Lo veíamos todo el tiempo corriendo detrás de la gente y la gente corriendo más. Debía ser un pesado conocido en la zona.  Por fin a las 12:00 nos tocó el turno de entrar y primero te ponen un vídeo publicitario de Petronas en 3D un poco absurdo. Se sube en un ascensor al piso 41 para acceder al puente que une las 2 torres. Es muy amplio y sólo permiten un máximo de 20 personas, por lo que se puede disfrutar de las vistas y hacer fotos tranquilamente. El tiempo es de 10 minutos, un poco corto, pero da tiempo a ver las torres por dentro y los alrededores. Es impresionante ver la construcción con terminaciones en cristal y acero, parece que estuvieran recién terminadas por el brillo que tienen. A la salida de la visita hay una interesante sala con juegos de inteligencia, explicaciones sobre las Petronas y proyectan un documental sobre su construcción. Si se tiene un solo día para ver Kuala Lumpur, creo que es mejor verlas desde fuera ya que se pierde mucho tiempo en la cola de espera. Si se dispone de 2 días, sí se debe acceder, pero se debe llegar muy temprano a las taquillas.  

Con una gran sonrisa por haber cumplido otro sueño viajero más, salimos de las Petronas para ver el parque que hay tras ellas, desde dónde se pueden tener unas vistas increíbles. Fuimos andando y haciendo fotos desde cada ángulo que nos parecía bueno. Al poco tiempo, llegaron unos nubarrones tremendos y allí no fallan, antes de 10 minutos hay que buscar dónde resguardarse. Cayó una tromba de agua que nos dejó impresionados además de empapados por aprovechar hasta el último segundo con las fotos. Teníamos refugio a 100 metros, pero es mucha distancia cuando empieza a llover allí.  Una vez pasó la tormenta, recorrimos varias solitarias calles con embajadas hasta llegar al Heritage Center porque nos había parecido bonito en las fotos. Estaba cerrado y además parecía un poco abandonado. Decidimos continuar hasta el triángulo de oro, que es la zona de los centros comerciales más lujosos y las marcas exclusivas (no nombraré ninguna a menos que patrocinen un poco la web). Como llovía de nuevo un poco fuimos entrando en varios centros comerciales, algunos de ellos con el aire acondicionado para resfriar pingüinos. Me pasó factura el paseíto porque iba algo mojado por la lluvia y acalorado por las altas temperaturas. Es inevitable tener dolores de garganta o ponerse malo con estos cambios. Tampoco nos pareció muy atractiva esta zona, se ve a algún personaje pijillo del lugar, y ni mucho menos compramos nada.   Comimos en un Mc Donald para no buscar mucho y fue muy barato (3€ dos menús grandes). La verdad es que es casi un privilegio no ser de esos que les gusta el vino, las comidas caras y las ropas de marca. Podemos hacer varios viajes al año con el presupuesto ahorrado en estas cosas. Alucinamos cuando leemos en algunos relatos: “Comimos baratísimo y muy bien por 80€, incluida una botella de vino Marqués de Jogyakarta. En España nos hubiera costado 100€ por lo menos”. 

Pasamos por el hotel, que estaba cerca, para quitarnos algo de ropa mojada y salimos en busca de un taxi que nos llevara al templo chino Tean Hou. Eran las 15:30 y ese día por lo visto se adelanta el atasco de las 17:00. Paramos a un taxista indio y le pedimos que nos llevara al templo y sólo nos pidió 3€, por lo que le volvimos a insistir a qué templo queríamos ir. Nos dijo que subiéramos y de camino paró en una tienda dónde había algún amigo suyo que hablara mejor inglés o conociera el templo. Se acercó un tío al taxi y nos dijo que nos tenían que llevar, esperar y recoger porque no había manera de volver y la tarifa era de 16€. Nos bajamos corriendo del taxi y no le dimos ni un duro. A los 10 metros de nuestra huída ya valía 12€, aún así decidimos seguir y preguntar más adelante. Efectivamente, un hombre con apariencia y actitud más honrada nos pidió 8€ por ese servicio, por lo que aceptamos. Nos llevó a un monte que  no está fuera de la zona céntrica y tardamos una media hora por culpa del atasco. Al llegar nos dijo que nos esperaba una media hora, que es lo que suele durar la visita. La entrada es gratuita y merece la pena, por lo peculiar del sitio y las vistas de la ciudad. De noche debe ser aún más bonito porque tenía cientos de farolillos amarillos en el patio central. 

A la vuelta, nos quedamos en Chinatown para ir a un templo que no encontramos el día anterior, pero una vez más nos fuimos sin verlo por culpa de la lluvia. Nos quedamos en otro pequeño templo justo a la entrada de Chinatown desde la calle Stadium. Nos gustó mucho por lo modesto del sitio y la colección de bonsáis. Entramos en la zona de puestos callejeros, que a pesar de estar cubierta empezó a inundarse por la cantidad de agua que estaba cayendo. Recorrimos varias veces la calle principal e hicimos varias compras. La más destacada a un chaval muy simpático al que compramos 3 vestidos de playa para Diana, un polo de vestir y otro de rugby de Sudáfrica por 20€ todo, previo pequeño regateo. 

Antes de irnos de Chinatown, pasamos por un templo hindú (Sri Marihaman) que desgraciadamente estaba en obras, por lo que a pesar de entrar no vimos demasiado. Nos dirigimos a la estación de skytrain y volvimos al hotel. Desde el despachito de la magnífica habitación del Impiana, estuvimos hablando por Skype (videollamada) con la familia. Pudimos enseñarles las Petronas y todo con la webcam. Hicimos las maletas para aprovechar el poco tiempo que tendríamos a la mañana siguiente. Que descanséis Sras Petronas.

Aquí podéis ver las mejores fotos de Kuala Lumpur  

 

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