Sudeste Asiático

  DIA 2  9-4-2009 MACAO
Visita de la ciudad a pie. Un trocito de Portugal (y de Las Vegas) en China.  

A las 7:30 de la mañana, hora de Hong Kong hemos aterrizado en el modernísimo aeropuerto de esta ciudad. Teníamos reservados los pasajes para el barco rápido (Turbojet, 21€ por persona) que nos llevaría a Macao, pero no teníamos claro qué iba a pasar porque tenían fecha del día siguiente por un error al hacer la reserva. A pesar de haberme dicho por correo electrónico que no nos devolverían el dinero, finalmente han permitido cambiar la reserva. Esto es bastante compresible, ya que en el barco, con capacidad para 250 personas no íbamos más de 20. Hemos cambiado dinero en una de las sangrantes oficinas de cambio del aeropuerto, sólo lo imprescindible para las primeras horas, ya que el cambio era un 10% menor del valor de la moneda. Es mucho mejor cambiar en los bancos, que incluso nos han dado más de lo que marcaba internet, es decir un 12% más del valor cambiado en el aeropuerto. Otra información interesante es que Hong Kong y Macao tienen moneda propia distinta (dólares y patacas), supuestamente del mismo valor y se usan indiferentemente en las 2 ciudades.     

Hemos esperado 2 horas a la salida del primer barco y hemos aprovechado la conexión wifi gratis del aeropuerto para dar las primeras señales de vida. A las 10:50 ha zarpado el barco, al que te lleva un autobús que se coge de la misma forma que si fueras a coger un vuelo, El trayecto ha sido de unos 45 minutos, en los que hemos ido durmiendo. De hecho nos ha costado despertarnos al llegar a Macao. Hemos pasado el trámite de inmigración (gratuito) y por fin hemos recogido nuestras maletas, no las habíamos visto desde Madrid, ya que al reservar el barco es como un enlace más.   A la salida de la terminal de ferrys hemos cogido un taxi que en 5 minutos y por 3€ nos ha llevado al hotel Metropole. El hotel está muy viejo, pero está a menos de 1 minuto de la Plaza del Senado, principal atracción turística y desde dónde se llega a la mayoría de los sitios andando. Teníamos 2 opciones: siesta matutina o paseo hasta que aguantásemos. Nos hemos aseado y hemos salido a ver la ciudad, teníamos ganas de empezar de verdad el viaje.   

Andando hemos recorrido el casco antiguo de la ciudad, cuyo principal atractivo son los edificios coloniales portugueses. Están muy bien conservados, a diferencia de los edificios residenciales de la población china, que están hechos una pena y llenos de rejas feísimas sobresaliendo de los balcones. No ha hecho nada de calor, pero para hidratarnos hemos parado en un quiosco y hemos comprado una lata de cerveza (0,40€) y otra de coca-cola (0,50€). Si las pides cenando en un restaurante cuestan hasta 6 veces más, pero de esta manera resultan muy baratas.   

La visita que más nos ha gustado ha sido la del templo chino A-Ma que está en una zona junto al mar y que tiene grandes rocas talladas con caracteres. No habíamos visto casi turismo anteriormente, pero este templo estaba a rebosar de chinos.   

Eran casi las 15:00 horas y todavía no habíamos comido, entre otras cosas porque no habíamos encontrado ningún sitio donde pudiéramos hacerlo. Por suerte, en un magnífico paseo que hemos hecho bordeando la costa, con la vista de la gigantesca torre de comunicaciones de Macao, hemos encontrado un restaurante de comida portuguesa. Más de 200 platos, algunos del lugar y la mayoría de cocina lusa, nos han hecho la boca agua, así que hemos decidido aprovechar, porque más adelante lo pasaremos mal con la comida. Hemos comido 3 raciones bien servidas de carne y pescado, sentados contemplando la bahía por 15€.    Como hemos cogido fuerzas, hemos decidido volver al centro histórico a ver la parte más espectacular: la Plaza del Senado y las ruinas de la Iglesia de San Pablo. Las calles tienen el empedrado típico portugués, los nombres están en portugués, chino e inglés. Por fin hemos encontrado algo que sabíamos íbamos a disfrutar: los magnífico pasteis de nata, tan celebrados en nuestros relatos del Algarve. Hemos merendado uno pequeño cada uno, porque hacía poco tiempo que habíamos almorzado. Hemos encontrado una tienda donde poder casi completar la colección de monedas de Macao y una oficina de correos para comprar sellos, muy apreciados en ambos casos por lo escasos y exóticos que son.  

Como queríamos ver la parte hortera de la ciudad, nos hemos ido andando hacia los esperpénticos casinos. Habrá más de 20, todos de muchísimas plantas de altura e iluminados hasta hacer daño a la vista. Hemos entrado en uno de los más famosos: Casino Lisboa (al que da la ventana de nuestra habitación), dónde hemos comprobado que hay mucho vicio en esta ciudad y que existe un turismo del juego en la misma. La decoración es indescriptible, con un lujo poco entendible (por lo feo) y con decenas de mesas de juego, vigiladas por muchísimo personal. Hemos dado una vuelta por varias plantas y hemos seguido nuestro camino hasta el último destino friki del día.   En la bahía han creado una especie de ciudad histórica, a escala 1:2, mezclando en un mismo gran recinto el coliseo romano, la ciudad perdida de Pekín, un volcán, un palacio de Aladino, el castillo de Bhután, casas alemanas… Es tan friki, que no van ni los frikis, no había nadie. Para la vuelta al hotel hemos cogido el autobús (0,30€ por persona) y hemos parado a cenar en un Pizza Hut (13€ todo). No teníamos fuerzas para buscar ni para pensar, llevábamos 30 horas sin probar una cama, cosa que por cierto me dispongo a hacer ahora mismo. Hemos empezado con fuerzas, esperemos que nos duren.

    Aquí podéis ver las mejores fotos de Macao                       

 

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