Sudeste Asiático

  DIA 22  28-4-2009 PERHENTIAN
Turtle Beach y playa del Abdul´s Chalets. Una de las mejores playas del planeta.

Nos levantamos con pena por ser el último día en las Perhentian. Sin embargo, sabíamos que lo que nos quedaba iba a ser lo mejor. Habíamos leído el relato de Marinera, que nos hizo decidirnos a venir a este paraíso, por eso dejamos Turtle Beach para el final. Tras el desayuno, con extra de tortita de banana, nos dirigimos a la parada de water taxis. Habíamos quedado con Yoyu, que nos llevó en 5 minutos a Turtle Beach. Al dejarnos, sobre las 10:00, le pedimos que nos recogiera a las 14:30. No lo sabíamos, pero la hora máxima para abandonar esta playa son las 15:00.

La impresión de llegar a esta bahía fue, una vez más, la de llegar al paraíso. El agua era increíblemente transparente, la arena muy fina y blanca, la vegetación llegaba hasta el agua en algunas partes. Nosotros nos quedamos en la mitad de la bahía, bajo un árbol de grandes ramas que daba mucha sombra. Estábamos solos, en uno de esos sitios que has visto en fotos y que quieres visitar para ver si de verdad es tan bonito. Como tantas veces, la realidad supera con creces a las imágenes digitalizadas. Podemos afirmar que es uno de los lugares más bellos del mundo (ya van unos cuantos). Da una risa extraña cuando te encuentras con estas situaciones, no sabes cómo expresar la felicidad. Alguna carrera nos dimos, nos tiramos al agua, nos abrazamos, nos hicimos muchísimas fotos…Tras la primera emoción, recorrimos la pequeña bahía completa. Cerca de dónde habíamos dejado la mochila, había un gran agujero y se podían observar huellas de una gran tortuga y huellas de muchas tortugas pequeñitas. Fuimos hacia un extremo dónde había un bungalow del personal que cuida la reserva de tortugas. Nos sorprendió ver una nevera con el precio de las bebidas, ya que realmente apenas viene gente aquí. Vimos una zona delimitada con carteles con fechas para indicar la puesta de los huevos de las tortugas.

Fuimos hacia el otro extremo de la bahía, al que llegaron 3 parejas por separado en kayak. Desde cualquier punto las vistas eran impresionantes, con el agua transparente cambiando de tonalidades verdes a azules. Por supuesto habíamos traído el equipamiento de snorkel, así que tras la inspección del exterior, tocaba la inspección bajo el agua. Con el agua tan transparente la visibilidad era buenísima. Los fondos eran muy bonitos, con muchos peces por todas partes. Diana salió un poco antes del agua y tuvo la suerte de ver una tortuga. Yo seguí durante un rato más, disfrutando de las últimas horas de la vida marina de las Perhentian. No queríamos que pasaran las horas. De las casi 5 horas que estuvimos, más de 3 estuvimos solos en Turtle Beach. No nos cansábamos de mirar el agua, de bañarnos, de hacernos fotos. Cuando se acercaba la hora de irnos, quise entrar de nuevo a hacer snorkel por si me encontraba alguna tortuga. Cuando estaba llegando al límite señalizado para que no pasen los barcos, me encontré con 6 tiburones nadando en círculo. Normalmente no me dan miedo, pero no estaba tranquilo en esa zona si era la hora del almuerzo de los escualos. Los observé durante un rato, pero no seguí con la búsqueda de las tortugas. No quedaba tiempo, así que salí hacia la playa. Justo antes de llegar, apareció Yoyu con su barca.

En el camino de vuelta sí vimos una tortuga que estaba en la superficie. No parábamos de mirar hacia atrás para despedirnos de Turtle Beach. Nada más llegar, fuimos a comer al Tuna Bay. Esta vez pedimos arroz, muy rico y bien presentado. La tarde la pasamos en la playa del Abdul´s leyendo y haciendo algo de snorkel. A última hora, por fin se animó la red de voley-playa. No había visto a nadie por allí ningún día y me iba con pena de no haber jugado. Pedí permiso para jugar y pronto se completaron los equipos. Todos los que jugaban eran nativos de las islas, excepto yo, el blancucho gordito. La verdad es que pasé un buen rato y algo de espectáculo di, ya que el voley-playa es una de mis pasiones. Algunos jugaban muy bien, pero otros, un poco colgados, no permitían que el partido fuera muy bueno. Entre los colgados, alguno le tiraba besos a Diana, mientras ella hacía sudokus (con público una vez más) sentada en una mesa de madera. Jugamos casi 2 horas y al terminar, los que mejor jugaban me dijeron que volviera al día siguiente. Casi lloro, al día siguiente ya no estaría allí. Hubiera jugado todas las tardes si hubieran aparecido el primer día. Al despedirme, les dije terimah kahsi a todos y contestaron casi todos a la vez (no sé que dijeron). El caso es que antes, los colgados me habían ignorado y los que sabían jugar aplaudido. Fue decir unas palabras en malayo y se volvieron todos muy amables.

Fuimos a la habitación, un poco atacados por los mosquitos, porque se nos había pasado la hora de refugiarnos. Vimos el atardecer desde nuestro bungalow, fue espectacular la combinación de colores tras la montaña de la isla pequeña. Hicimos las maletas con mucha pena y nos fuimos a cenar al restaurante del Cocohut. Pedimos un pescado a la brasa y un montón de gambones que nos comimos disfrutando de la terraza sobre el mar. Antes de ir a dormir, pagamos la cuenta de lo que habíamos consumido durante la semana y volvimos a recordar en la recepción que tenían que confirmar nuestro regreso en el barco de las 8:00. Para dormir la última noche tuvimos que salir un par de veces del bungalow a pedir que no hicieran ruido con los móviles y carcajadas a un grupo de jóvenes malayos que estaban tumbados justo delante de nuestra habitación. Era casi la 1:00 y normalmente desde las 22:00 ya no hay nada abierto.

 Aquí podéis ver las mejores fotos de Perhentian      

Aquí podéis ver las mejores fotos de Perhentian bajo el agua

 

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