Sudeste Asiático

 DIA 18  25-4-2009 PERHENTIAN
Flora Bay. Amplia y bonita bahía, la única habitada sin muelle.   

De nuevo a las 8:00 estábamos listos para desayunar. Antes de las 11:00 solíamos dormirnos, así que íbamos recuperando energías. Tras el desayuno, cogimos nuestro primer taxi acuático. Junto al Tuna Bay, está la parada, como si fuera la ciudad, con los precios marcados en un panel de madera. Nos pareció caro 10 ringgit por persona el trayecto a Flora Bay. Les propusimos ir cada uno en una barca, si el precio era el mismo, pero tampoco estábamos por la labor de perder el tiempo con el grupo de barqueros, a cada cuál más colgado. Eran más de 4 € por un trayecto de 5 minutos. De camino, vimos exactamente dónde estaba situado el Shark Point, porque queríamos ir haciendo snorkel hasta allí. Al dejarnos en Flora Bay, el barquero nos preguntó por la hora de vuelta, pero allí había algunos taxis más, no tan organizados ni pesados, por lo que le dijimos que no queríamos tener hora fija para volver. Una vez en tierra comprobamos la belleza de esta bahía, de hecho nos pareció la mejor playa con hoteles de las 2 islas.

Nos dirigimos hacia el extremo oeste de la playa para dejar la mochila escondida e irnos a hacer snorkel. Sólo había una pareja de malayos, a los que preguntamos por la zona de snorkel. Nos contestaron en perfecto inglés y nos dieron indicaciones de qué sitios eran interesantes. Nos preparamos, que siempre nos lleva un rato: camiseta acuática y pañuelo para la cabeza para evitar quemaduras, aletas, máscara con escupitajo y cámara subacuática. Shark Point estaba bastante apartado, pero las pequeñas calas que había de camino nos permitirían descansar si teníamos problemas. De todas formas había muy poca profundidad en aquella parte y alguna zona arenosa para detenerse. Tuvimos que avanzar bastante, a lo largo de la costa y con una profundidad de 1 metro hasta empezar a ver algo interesante. De momento lo mejor era la primera parada en una cala de agua transparente y rocas de granito. Poco después llegamos a una pequeña playa sin acceso desde tierra con rocas de granito inmensas, palmeras, mucha vegetación, arena blanca finísima y agua muy transparente. Por supuesto estábamos totalmente solos, con una sonrisa de felicidad tremenda. Acabábamos de descubrir nuestras soñadas Seychelles en un rincón de las Perhentian. Estuvimos más de media hora haciéndonos fotos, disfrutando el momento como un triunfo en la vida.   

Seguimos la exploración de los fondos de coral, siempre pegados a la costa. Tardamos en llegar a Shark Point, pero el camino ahora sí era muy interesante, con mucha vida. La visibilidad era increíble así que veíamos a los tiburones acercarse desde lejos. Algunas zonas, en las que el coral está más profundo, están delimitadas para impedir la entrada de las barcas, así que tuvimos mucho que recorrer. Disfrutamos mucho con el espectáculo submarino, tanto que desde que nos pusimos las aletas, hasta que volvimos a Flora Bay, estuvimos 3 horas en el agua. Al llegar a la orilla, teníamos mucha sed y mucha hambre, así que no tardamos en buscar la mochila que habíamos dejado escondida detrás de una roca e irnos a un restaurante a comer. Todo estaba muy tranquilo, comimos en el hotel Flora Bay Resort, dónde solo vimos a 5 personas. El hotel era normalito, Diana visitó una habitación y comprobó que era parecido al Cocohut, pero a mitad de precio  en una playa mucho mejor.

Después de comer nos quedamos en la playa a la sombra de un árbol. Había un par de sillas de plástico, en las que nos sentamos a contemplar la hermosa bahía. A ratos Diana se tumbaba al sol en la toalla, mientras yo me dormía en la silla al más puro estilo segurata. Nunca había dormido así, pero estábamos muy cansados de la paliza de snorkel matutina. Según avanzaba la tarde, empezamos a ver a gente. La playa pasó de estar vacía a estar muy animada, con grupos de jóvenes malayos que allí se alojaban. Nos quedaba por ver la mitad de la bahía, así que dimos un paseo por la playa hasta el extremo opuesto. La marea estaba muy baja, por lo que la playa era muy amplia a esa hora. No estaba bien para el baño, ya que apenas cubría el agua cerca de la orilla. Llegamos hasta el hotel Arwana y también pedimos que nos enseñaran una habitación. El hotel era muy grande, con una gran piscina. Al pasar con el chico que nos iba a enseñar las habitaciones, nos cruzamos con todos los camareros del Cocohut, que a esa hora se bañaban en la piscina. Nosotros estábamos sorprendidos, pero ellos yo creo que más. Vimos las habitaciones y estaban, una vez más, mucho mejor que las del Cocohut. Al ser tan grande el hotel, tenía habitaciones muy baratas y sólo las que estaban a pie del mar eran más caras, más o menos como las nuestras, pero muy limpitas y acogedoras. Sobre las 17:00 decidimos volver a nuestro hotel, así que hablamos con un barquero que nos llevó de vuelta por 20 ringgit también.

Aprovechamos antes de la hora de los mosquitos para inspeccionar la zona de nueva construcción del hotel, pero pronto se cortaba el acceso y no había mucho que ver. Así que nos volvimos a la habitación. Tras la ducha y otro rato de reposo, fuimos a cerna al Abdul´s Chalet. Sólo había una pareja cenando, mientras el Cocohut y el Tuna Bay estaban hasta arriba. No está muy bien, pero para una noche, tampoco pasaba nada. De hecho nos alegramos de conocer al encargado, un hombre de lo más amable, que siempre tenía una sonrisa en la cara. Había muy poca luz, sólo una vela sobre cada mesa y se cena en la arena de la playa. Cenamos tiburón y barracuda a la barbacoa, toda una experiencia. Volvimos por la playa al hotel, saludando a los tranquilos gatos que merodeaban por allí. No tuvimos pesadillas a pesar de lo cenado.

Aquí podéis ver las mejores fotos de Perhentian      

Aquí podéis ver las mejores fotos de Perhentian bajo el agua

 

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