Polinesia Francesa

DIA 7  29-5-2007 BORA BORA 
Excursión de snorkel, tarde en el Thalasso. Día magnífico en buena compañía.

La claridad que entraba por el gran ventanal que estaba junto a la cama nos despertó casi al amanecer. Nos quedamos un rato tumbados admirando el paisaje. Desayunamos abundantemente, como todos los días y nos fuimos al muelle. Yuko había reservado en el Thalasso una excursión de snorkel para los 4, aunque para no hacernos sentir mal, nos dijo que era una excursión abierta a todo el mundo, pero que no había ido nadie. Aparecieron montado en una lancha gigante, como las de Miami Vice, con 2 tripulantes. No nos lo podíamos creer, vaya mañana que nos esperaba.

 

La primera parada la hicimos en medio del mar, en un sitio en el que nos cubría por encima de la cintura. Nada más tirarnos al agua, una multitud de manchas negras se acercaban a la zona. Eran rayas más de 1 metro que venían a por comida. Uno de los tripulantes se metió en el agua con nosotros para dar comida a las rayas. Le ponía la comida casi en tu cuerpo para que pudieras tocarlas. Daba bastante reparo, ya que el aguijón de la cola de estos animales puede matar. Nos dijeron que todas tenían el aguijón cortado, pero no creo que eso sea posible controlarlo. El caso es que pasamos unos 20 minutos alucinando con la cantidad y el tamaño de las rayas. Algunas se subían por la espalda en busca de comida y nos daba una risa-acojone que no veas.

 

Para ir al siguiente punto, tuvimos que agarrarnos fuerte, porque la velocidad de la lancha era tremenda. Cuando aminoraba la velocidad, disfrutábamos de los colores del agua, que cambiaban continuamente. La segunda parada fue en medio del azul, en un lugar muy profundo. Había muchos peces ballesta negros alrededor del barco cuando paramos. También coincidimos con algún barco más, pero se situaron a bastante distancia de nosotros. Nos tiramos al agua, que casi mareaba del azul tan intenso que tenía, para ver cómo en pocos segundos aparecían algunos tiburones. Eran de aletas de punta negra, de un tamaño considerable. Venían de nuevo a por la comida que desde las barcas tiraban. Los pudimos ver bien de cerca y hacer unas fotos muy chulas, en las que se veían perfectamente los tiburones gracias también a la claridad del agua. Además nos hicieron durante toda la excursión un vídeo que luego compraron nuestros amigos.

 

La tercera parada fue entre 2 motus, en una zona de agua muy transparente, caliente y llena de coral muy bonito. Estuvimos casi una hora recorriendo todo lo que podíamos, haciéndonos fotos subacuáticas rodeados de peces y de corales. Al volver a la lancha, teníamos preparadas bandejas con piña, coco, plátano, adornadas con flores. Tras la mañana en el agua apetecía algo refrescante para comer. De camino de vuelta al Thalasso pasamos de nuevo por varias zonas de aguas turquesas. Ahora no iban tan rápido, para que nos pudiéramos hacer algunas fotos con esa agua y con la isla de Bora Bora al fondo.

 

Al llegar al hotel nos dimos un baño en la piscina, que tiene una de las vistas más bonitas del mundo (una de ellas es la de la cabecera de nuestra web). El agua de la piscina apenas quitaba el calor, era un día sofocante. Para comer fuimos a la sombra del restaurante de la piscina. Repusimos fuerzas… para dormir una tremenda siesta en las tumbonas (casi camas) que había a orillas del mar, a la sombra de algunos árboles. Dormimos más de una hora, la paz era total, como la mayoría de gente se queda en su bungalow y en los 20 metros de playa que los rodean, se puede disfrutar con tranquilidad de muchos sitios. Cuando nos despertamos, unos japoneses vestidos de novios se hacían un reportaje fotográfico por la playa.

 

La tarde la pasamos bañándonos en la piscina y en la playa del Thalasso. También fuimos al overwater de Yuko y Silvia a tomar algo y bañarnos en el mar. Era sencillamente el lugar más lujoso que habíamos visto nunca. El tamaño del bungalow era tremendo (más de 100 metros cuadrados). El gusto con el que estaba construido era perfecto, todo de madera. Tenía una bañera junto a un ventanal, para ver el mar mientras se toma el baño. Estuvimos charlando hasta que se hizo de noche. Nos despedimos hasta el día siguiente y cenamos cada pareja su hotel. La cena del Le Moana no es tan abundante como la del Thalasso, pero se cena a la carta, apenas hay gente, se está más tranquilo y se cena a orillas del mar. Dejábamos otro día atrás, no queríamos que pasaran las horas, dormíamos porque no podíamos estar más tiempo despiertos.

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