Polinesia Francesa

DIA 4  26-5-2007 MOOREA 
Excursión de snorkel en barca por libre, alrededores del Intercontinental en moto.  Nos vamos soltando en Polinesia Francesa.

La luz del día nos despertó pronto. Hacía un día buenísimo con mucho sol y calor desde primera hora. De camino al restaurante para desayunar, aprovechamos para hacer fotos del hotel (piscina, restaurantes, playa) ya que no había gente. Desayunamos de nuevo la rica bollería y algunas cosas más, también bien buenas.

 

Habíamos quedado con nuestros amigos para alquilar una barca para hacer snorkel en los motus cercanos. Nos costó 60€, 2 horas, para 4 personas. Al acercarnos al embarcadero encontramos a personal del hotel, vestido de forma tradicional, con pareos. Yuko se dirigió a un hombre y le dijo e español: “Yo te conozco”. El hombre respondió en español: “Es posible”. Pensamos que qué buen sentido del humor tenían ambos y sobre todo, que casualidad y qué detalle que el nativo hablara algo de español. Yuko volvió a decir: “Te conozco, tú has trabajado en Port Aventura”. Casi nos caemos de espalda, en la otra cara del mundo y se había encontrado a una persona que había visto varias veces en España. El hombre nos contó que había trabajado durante 2 años en Port Aventura, dónde nuestros amigos habían ido en varias ocasiones. Nos hicimos varias fotos con él y nos explicó qué ruta podíamos hacer para hacer snorkel.

 

Nos subimos en la barca, que era muy pequeña, con motor de muy poca potencia. Nada más adentrarnos un poco en mar empezamos a disfrutar del agua transparente, era increíble. Echamos el ancla en uno de los puntos que nos habían indicado y nos tiramos al agua para hacer snorkel. Al momento, un montón de rayas vinieron a curiosear. Las había de todos los tamaños y se acercaban mucho a nosotros. Al principio nos daba un poco de reparo estar rodeados por estos bichos, pero en unos minutos hasta nos atrevíamos a tocarlas. De pronto, también apareció algún tiburón de aletas de punta negra, eso ya nos daba más respeto, pero no dejábamos de admirar lo que teníamos alrededor. A los pocos minutos, llegó una barca con varios turistas. Los traían para ver los tiburones y las rayas y para incrementar su número, tiraron pescado crudo al mar. Aquello era espectacular, en un momento se llenó de tiburones, rayas y un montón de peces. Hicimos un montón de fotos y vídeos subacuáticos, posando con  rayas y tiburones. La experiencia fue increíble. Comprendimos por qué se acercaban cuando te tirabas al agua, en Polinesia Francesa se acostumbra a alimentar a la fauna marina, por lo que se suele ver muy de cerca.

 

Levamos el ancla y nos dirigimos a otra zona que nos habían indicado, situada entre 2 pequeños motus. Allí el agua estaba muy transparente y caliente, había poca profundidad (apenas 2 metros) y el coral estaba en muy buen estado. Hicimos un buen rato snorkel, controlando que no se nos pasaran las 2 horas para volver al hotel. Los motus estaban llenos de palmeras y eran islas desiertas perfectas. Cuando se acercó la hora, nos volvimos a subir a la barca y volvimos al hotel. Tuvimos algún pequeño problema por pasar por zonas de muy poca profundidad, pero finalmente no encallamos y pudimos llegar al embarcadero. Nos había salido todo muy bien, barato y con la libertad de hacerlo por tu cuenta.

 

El ejercicio matutino nos dio hambre, así que nos comimos una gran hamburguesa en el restaurante del hotel. El precio medio de una comida de este tipo era de unos 12€ por persona y acababas bien lleno. Pasamos por la habitación para descansar unos minutos y coger dinero. Salimos del hotel para comprar en el supermercado y preguntar por el alquiler de una moto en uno de los puestecillos que había por allí cerca. Nos pidieron 45€ por 24 horas de alquiler y nos aseguraron que podríamos dar la vuelta a Moorea con la moto. También nos dijeron que nos la podíamos llevar en ese momento, así que la recogimos, fuimos a echar gasolina y fuimos a investigar un poco para aprovechar mejor el día siguiente.

 

Cerca de nuestro hotel había unos alojamientos económicos (Les Tipaniers) y fuimos a conocerlos y ver su playa. Las casas eran bastante simples y la zona no estaba muy bien cuidada. La playa sí era buena y los restaurantes de la orilla estaban muy bien para tomar algo contemplando las vistas. Hacía mucho calor, así que decidimos tomar un refresco en la terraza de uno de ellos. Después fuimos a las bahías de Cook y Opunohu, para verlas tranquilamente, parando en varios sitios para contemplar el mar, las montañas y la abundante vegetación. Conducir por Moorea es muy fácil. La carretera está muy bien, apenas hay tráfico y vas a la orilla del mar todo el tiempo, por lo que la vista es muy agradable. Cuando atardeció, volvimos al hotel.

 

Por la noche cenamos con nuestros amigos en uno de los restaurantes del hotel y nos fuimos pronto a dormir. Nos esperaba otro día intenso.

 

 

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