Polinesia Francesa

DIA 2  24-5-2007 PAPEETE-MOOREA 
Paseo por Papeete, vuelo Tahití-Moorea, alojamiento en el Intercontinental. Primer baño, reconocimiento de la zona, ya tenemos amiguitos.  

A las 6:00 de la mañana ya no podíamos dormir más. Cuando me he despertado, Diana estaba de pie mirando por la ventana. El cambio horario, la luz solar y la excitación de lo que estaba por venir no nos dejaba dormir. Nos vino muy bien porque no teníamos previsto conocer Papeete y aprovechamos las horas hasta el vuelo. Nos vestimos, bajamos a la recepción y preguntamos cómo llegar al mercado. Hay una parada de autobús justo delante del hotel (y del aeropuerto) por dónde pasa un autobús que te deja en 5 minutos en el centro. Le pedimos al recepcionista que nos cambiara algo de dinero y o que hizo fue prestárnoslo. Nos dijo que cambiáramos en cualquier banco y le diéramos el dinero a la vuelta. En pocos minutos pasó el autobús, una camioneta gigante muy auténtica. Preguntamos al conductor por el mercado y quedó en avisarnos. Iba poca gente a esa hora, pero tuvimos la suerte de coincidir con un francés que trabajaba en un hotel y que hablaba español. Nos explicó lo que podíamos ver en el centro (el mercado) y nos contó un poco de la vida que llevaba allí. En 5 minutos estábamos en el mercado.

 

Nada más bajar del autobús ya notamos el olor a flores, la humedad y el calor. El mercado es espectacular, muy colorido, con precios muy buenos para lo que esperas de Polinesia Francesa. Compramos algunos dulces para comer en algún puesto del mercado con el dinero que nos habían prestado, dimos varias vueltas para ver los productos que ofrecían, mientras esperábamos que abrieran los bancos. Fuimos a cambiar dinero, cómo el cambio de euro a franco polinesio es fijo, no hay problemas, sólo te pueden cobrar una comisión por el cambio puede ser de unos 3€. Cambiamos unos 1000€. Los billetes son alucinantes, obras de arte. Como siempre tuvo que aguantarme la cajera de turno cuando le pedí 50 monedas de 1 céntimo, 50 de 2 céntimos, etc para traerlas a España y cambiarlas por otras que no tuviera. No son fáciles de conseguir.

 

Ya con dinero nuestro, volvimos a repasar el mercado para comprar algunas cosas: jabones, perfumes de tiaré, pareos, camisetas. Todo está a precios bastante razonables. Es el mejor sitio para hacer las compras en Polinesia Francesa. Nos detuvimos delante de puestos de fruta, conchas marinas, collares, pero lo que realmente llama la atención son los puestos de flores. Nos paramos en varios para ver cómo las mujeres hacían collares de tiaré, que olían desde lo lejos. Dimos una pequeña vuelta para ver algún edificio colonial y algo de la vida en la calle, pero como no teníamos mucho tiempo, fuimos pronto a la parada de bus que nos habían indicado para volver al hotel. Cogimos de nuevo la camioneta, que era bastante económica (unos 0,50€) y nos bajamos en nuestro hotel. Saldamos nuestra deuda con el amable recepcionista, recogimos las maletas y cruzamos andando al aeropuerto. Eran las 9:00 y ya habíamos aprovechado 3 horas del día.

 

El vuelo de Tahití a Moorea dura unos 15 minutos. Se hace en un avión de hélices muy pequeño de Air Tahití y las vistas son espectaculares. Cuando el avión se acerca a la costa, se pueden apreciar perfectamente los arrecifes y el cambio de color del agua. Llegamos al aeropuerto de Moorea, minúsculo y de nuevo una furgoneta nos recogió junto a otros viajeros y nos fueron repartiendo por los hoteles. En la recepción del hotel nos dieron unos zumos, nos explicaron algo del funcionamiento del hotel y por fin nos llevaron a la habitación. Nos alojamos en un edificio de 2 plantas, con habitaciones muy amplias, lujosas, con terraza, mucha madera y vistas a la laguna.

 

Tras alojarnos, hemos ido a tomar un sándwich en el restaurante del hotel. Había llovido por la mañana y estaba todo mojado, pero hacía calor. Hemos ido a ver la playa, el embarcadero, los overwater, la piscina y el entorno del hotel. También hemos ido a ver los alrededores del hotel. Justo en la puerta hay un pequeño supermercado y un chiringuito de alquiler de motos y buguis. Hemos comprado agua, cervezas y algo de picar, a un precio razonable (menos de la mitad de lo que valían las bebidas en el hotel) y hemos preguntado por el alquiler de una moto, para dar la vuelta a la isla. A la vuelta al hotel, hemos encontrado a una pareja en la piscina que hablaba español. Eran los únicos que estaban en la piscina por lo que hemos aprovechado para preguntar por sus experiencias, pero también llevaban poco tiempo en el hotel. Nos han dicho que estaban en un overwater y que venían de la primera parte del viaje de Japón (él era japonés, pero llevaba viviendo prácticamente toda la vida en España). Pronto conectamos bien y nos invitaron a ir por la noche al overwater para charlar un rato. Aceptamos y dijimos que íbamos a ducharnos y en que en un  par de horas iríamos a verlos. Nos duchamos, nos tumbamos un rato… y nos despertamos casi a la 1 de la madrugada. Habíamos dormido 7 horas porque estábamos destrozados del tirón del viaje. Nos sentimos fatal, porque habíamos dejado tirados a nuestros nuevos amigos, Yuko y Silvia. Apagamos la luz y dormimos otras 7 horas.

 

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