Polinesia Francesa

DIA 12  3-6-2007 NUEVA YORK
Central Park, Quinta Avenida, vuelta a casa. Se terminó el sueño. 

Nos levantamos con mucha pena, no nos quedaba ni un día completo para estar en Nueva York. Habíamos hecho las maletas por la noche, para aprovechar todo lo posible el último día. Bajamos a la recepción y las dejamos para pasar a recogerlas más tarde. Desayunamos sentados en una plaza unos pasteles que compramos en una pastelería de camino a Central Park. Fuimos andando por la Quinta Avenida, dónde la mayoría de tiendas estaban abiertas a pesar de ser domingo. Accedimos a Central Park por una de las puertas del sur, agradeciendo la sombra que pronto recibimos de los grandes árboles que flanquean los paseos. Nuestra primera agradable sorpresa fue una ardilla que se acercó a pedirnos algo de comida. Nos la cogió directamente de la mano y se fue a unos cuantos metros de nosotros a comérsela.

 

Central Park es inmenso, así que decidimos recorrerlo durante un rato hasta que nos cansáramos. Las vistas de los rascacielos detrás de los grandes árboles eran muy bonitas. Realmente es un alivio de tranquilidad y salud dentro de la ciudad tener un parque tan grande y cuidado como éste. Llegamos a un gran lago, en el que según la zona a la que miraras parecía que estuvieras a horas de distancia de la civilización. Pronto encontramos una de las famosas praderas en las que hay deportistas por todos lados. Varios partidos de béisbol se juegan a la vez en un recinto de césped grandísimo. Los padres de los niños, sentados cómodamente en el césped o en sillas plegables pasan el día al aire libre en familia. Son partidos de competiciones oficiales entre niños, perfectamente equipados y mamando el ambiente yankee desde pequeños. Alrededor de las praderas hay campos de baloncesto, voleibol, circuitos de skate, todos abarrotados. Realmente da envidia ver cómo se vive el deporte en este país, sobre todo por su variedad.

Antes de abandonar el parque pasamos por un pequeño castillo junto a un lago lleno de tortugas. Las zonas de césped aledañas estaban repletas de gente tomando el sol, charlando o pasando el día en familia. Nos quedamos con ganas de tumbarnos un rato, sólo nos sentamos para descansar un poco y seguir.

 

Salimos por una de las puertas del oeste y fuimos andando bordeando el parque hasta llegar de nuevo a la Quinta Avenida. Un grupo de negros bailaba breakdance justo al inicio de la avenida y paramos a contemplarlos. ¡Qué manera de moverse! Nos habíamos quedado un par de veces con la duda de qué sería un cubo de cristal gigante que había en una explanada con una fuente. Vimos que la gente entraba por el cubo y desaparecía bajando unas escaleras, así que decidimos seguir a unos cuantos para ver dónde iban. Al bajar las escaleras vimos que dónde iba tanta gente era una de las mejores tiendas de Apple. Dimos una vuelta por la tienda, pero no conseguimos saber para qué servían la mitad de los aparatos que allí vendían. De vuelta al hotel entramos en la tienda Disney de la Quinta Avenida.

 

Al llegar al hotel, recogimos las maletas y esperamos unos minutos a que nos recogiera el servicio colectivo de transporte que habíamos contratado. En aproximadamente una hora llegamos al aeropuerto JFK tras recoger en otros hoteles a más viajeros. En el aeropuerto facturamos con bastante tiempo y nos tomamos la última hamburguesa yankee.

 

Nos quedábamos con ganas de Nueva York y mucho más con ganas de Polinesia Francesa.  El vuelo de vuelta fue triste, repasando las fotos de nuestra luna de miel. Terminaba uno de los mejores viajes de nuestra vida.

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