Polinesia Francesa

DIA 11  2-6-2007 NUEVA YORK
Downtown, Tribeca, Soho, Chinatown . Cómo recorrer Manhattan en un día.  

Una espléndida mañana de sábado nos recibió en nuestro segundo día en Nueva York. Intentamos madrugar, pero no pudimos salir muy temprano porque estábamos muy cansados. Desayunamos en un Starbucks unos pasteles inmensos con unos cafés y batidos bien grandes también. Las calles estaban tranquilas, así que dimos un agradable paseo hasta el metro, deteniéndonos para contemplar algunos rascacielos. Paramos en una de las muchas inmensas farmacias porque queríamos comprar pastillas para jet lag, tiritas para las ampollas y algún otro producto que no se encuentra en España.

 

Cogimos el metro en el cruce de 50th Street con Broadway para ir al distrito financiero de Manhattan. También estaba muy tranquilo y se notaba que ya tenía sus años. Las rejas, los azulejos, las columnas, la rotulación y la poca luminosidad hacen que bajar al metro sea como retroceder 30 años en el tiempo, es curioso.  Nos bajamos en la parada del cruce entre Chambers y Center y recorrimos las calles en las que están situados los edificios más antiguos de la ciudad (ayuntamiento, cortes de justicia).

 

Continuando el paseo, llegamos hasta el puente de Brooklyn, pero no llegamos a cruzarlo, sólo lo vimos desde uno de los extremos. En pocos minutos andando alcanzamos la zona 0. Había mucho silencio, a pesar de que por primera vez nos cruzamos con algunos grupos de turistas. Diana había estado hace unos años en las torres gemelas, así que para ella fue aún más impactante ver los tremendos agujeros en los que se habían convertido el World Trade Center. A pesar del hueco tan enorme que quedaba entre los edificios, no es fácil hacerse la idea de las dimensiones de lo que allí había. Estaban expuestas muchas fotos en una zona del paseo del memorial, que eran el principal motivo de silencio. Realmente es sobrecogedor pensar en las miles de personas que allí murieron y cómo lo hicieron y lo más incomprensible: por qué.

 

De nuevo por calles poco transitadas nos dirigimos a Wall Street para ver el edificio de la bolsa con su bandera americana gigante. Es otro de esos lugares que se ven a diario en televisión y despiertan la curiosidad. Aunque parezca mentira nos costó encontrarlo, ya que había varios pasos elevados sobre las avenidas y no nos orientamos bien. Preguntamos un par de veces antes de poder llegar. Desde allí nos dirigimos al muelle en el que está el Staten Island Ferry Terminal, para hacer el trayecto gratuito del ferry y contemplar las vistas del crucero.

 

En la terminal había bastante gente, la mayoría turistas. Nos situamos en la cola a la espera de la llegada del ferry, que llegó en unos 15 minutos. A pesar de la cantidad de gente que había, entramos sin problemas en el ferry, incluso diríamos que iba a la mitad de su capacidad. Nada más partir, ya se puede contemplar el skyline, algo descafeinado sin sus emblemáticas torres gemelas, pero espectacular de todos modos. Otro de los intereses principales de este trayecto es la contemplación de la Estatua de la Libertad. El ferry pasa bastante cerca.  A la llegada a Staten Island (se tarda unos 45 minutos), unos cuantos se bajaron, pero la mayoría hacía como nosotros el trayecto turístico gratuito. A la vuelta, la cubierta de proa se llenó para sentir la brisa y contemplar Manhattan desde el mar. Es un paseo que merece mucho la pena.

 

 

Volvimos al interior de Manhattan para recorrer los barrios más populares. Paseamos por China Town, Little Italy, Soho, Tribeca. Eran las primeras horas de la tarde y las calles se empezaban a animar. Algunas las habían hecho peatonales para el fin de semana, por lo que se hacía más agradable el recorrido. Nos llamaron la atención las famosas escaleras de emergencia metálicas de colores que ocupaban las fachadas de varios edificios. Las pequeñas canchas de baloncesto valladas estaban a tope. En la zona de Tribeca, vimos varias tiendas que eran prácticamente salas de exposición. Las contemplábamos desde el escaparate y como no éramos capaces de adivinar qué productos vendían, entramos en varias de ellas a preguntar y a curiosear. Perfumes, productos de belleza, cosas para el hogar eran los principales artículos que tenían esas tiendas, en las que no nos permitieron fotografiar nada.

 

Habíamos leído que el Washington Market Park se animaba los fines de semana, así que pasamos por él. Es muy pequeño, pero no había ni un solo rincón que no tuviera animación. Vimos una boda judía, unos raperos grabando un vídeo, niños bañándose en las fuentes, malabaristas.  Lo que más nos gustó fue un grupo de charleston, que tocaba, cantaba y bailaba de maravilla. Nos hubiéramos quedado una hora disfrutando del espectáculo.

 

Cogimos de nuevo el metro de vuelta al hotel, para cambiarnos e ir al musical que habíamos reservado. Por la mañana llamamos por teléfono desde una cabina a una central de reservas de entradas y compramos 2 billetes para la Bella y la Bestia. Nos dimos una ducha y fuimos caminando hasta el teatro, que se encontraba cerca de Times Square. Recogimos las entradas en taquilla y comenzamos a vivir el ambiente yankee de los musicales, con el teatro a rebosar de gente. La función fue de lo más entretenida, con muchos efectos especiales, vestimentas muy elaboradas y canciones de toda la vida. Lo pasamos muy bien y también nos divertimos con las reacciones del público. Los típicos gritos americanos del “uuuuu” al malo, “ouououoou” al bueno y aplausos, silbidos y mucho ruido con los besos entre protagonistas. Parecía que en cualquier momento iban a animar con el “iu-es-ei, iu-es-ei” (U.S.A.) Al salir del teatro paseamos por la calle 42, muy animada por ser sábado y picamos algo. De vuelta al hotel, tarareando la canción de la Bella y la Bestia, disfrutamos un poco de la bajada de temperatura para llegar más relajados a dormir y no pensar en la pena porque el viaje se acababa.

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