Polinesia Francesa

DIA 10  1-6-2007 NUEVA YORK
Noche en vuelo, paseo por la 5ª Avenida y Times Square. De postre, la gran manzana.  

Los trámites en el aeropuerto de Papeete fueron rápidos. Embarcamos para pasar la noche en el avión y llegar a media mañana a Nueva York. Nos dieron varias veces de comer durante el trayecto, que lo tomábamos como entretenimiento, porque las 13 horas de vuelo se hacían interminables. Diana pudo dormir muchas horas, pero yo apenas pude hacerlo por el poco espacio que hay entre asientos en los aviones.

 

Al llegar a Nueva York, pasamos los temibles controles de inmigración. Nos llamó especialmente la atención que te hacían una foto antes de ingresar en el país. Al pasar inmigración, buscamos la puerta en la que nos recogería el transporte que habíamos reservado. Era una furgoneta que repartía viajeros por Manhattan, por un precio mucho más económico que un taxi y con una duración del trayecto muy similar. Dejamos las maletas en la habitación, bastante grande, un apartamento, pero muy sencilla. La situación era muy buena, en pleno corazón de Manhattan, muy cerca de la 5ª Avenida, de Times Square y de Central Park.

 

Salimos de paseo por la Quinta Avenida, los rascacielos nos llamaban mucho la atención, los taxis amarillos también. Entramos en las tiendas de Disney, de Chanel, pasamos un buen rato en la tienda de la NBA, que es muy chula, pasamos por el Rockefeller Center, por la biblioteca y por el Empire State Building. Comimos varios perritos calientes en los distintos puestos callejeros que fuimos encontrando durante el paseo. Vimos el típico camión de los helados, pero no compramos ninguno. Cuando anocheció entramos en un bar a sentarnos un rato y tomar unas pizzas. Cenamos muy bien y muy barato, nos parecía increíble poder cenar por tan poco dinero en Nueva York, sobre todo viniendo de Polinesia Francesa. En muchos sitios cuando nos oían hablar en español, se dirigían a nosotros en español. Eran hispanos que nos hacían fácil la comunicación.

 

Continuamos el paseo, ya de noche, por la calle 42, por Broadway y llegamos a Times Square. ¡Qué espectáculo de luz, cuánta gente por la calle, cuánto ruido! Estábamos en uno de los lugares más visitados del mundo. Se notaba por la cantidad de publicidad que había en los luminosos. Algunos policías a caballo mirando los anuncios en las pantallas de vídeo gigantes, daban el último toque yankee a la estampa.

 

De vuelta al hotel, nos cruzamos con varias limusinas gigantes. Empezaba la hora de la marcha, pero nosotros estábamos muy cansados. Llegamos a nuestra habitación,  nos duchamos y caímos rendidos.

 

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