Polinesia Francesa

DIA 9  31-5-2007 BORA BORA 
Playa del Le Moana, playa del Thalasso, vuelo de vuelta a Nueva York. No nos queremos ir. 

También madrugamos hoy. Las horas de luz hay que aprovecharlas en Polinesia Francesa. Desayunamos y fuimos a recorrer las pasarelas de los overwater. Casi todo el mundo dormía, creemos que el hotel estaba al 50% de ocupación. Nos bañamos durante un rato por los alrededores, yendo de overwater en overwater para ver las pequeñas piedras de corales que había bajo cada uno. Había peces muy pequeños en cada una, pero algo entretenía. Eran como bonsáis de arrecifes. Alguna raya pasaba de vez en cuando por aquellas aguas muy poco profundas. Se veían venir desde lejos por la transparencia del agua y la luminosidad del día. En los mini corales de nuestro overwater había una morena pequeñita, negra y amarilla. Tras los baños, anduvimos hasta el final de la pasarela de los palafitos para contemplar las vistas del mar, con el cambio de color del agua. Hicimos varias fotos aprovechando la luz tan intensa. A las 12:00 teníamos que dejar el overwater, así que hicimos las maletas, nos dejamos ropa para ducharnos antes de irnos y pagamos la cuenta de lo que habíamos consumido durante esos días.

 

De camino al Thalasso, paramos en la piscina para refrescarnos, hacía mucho calor. Llegamos al embarcadero, esperamos muy poco como siempre para que el barco nos llevara al otro hotel. Allí nos esperaban nuestros amigos, para pasar el último rato juntos. Nos estuvimos bañando en el mar, en la piscina, apenas se podía estar fuera del agua como no fuera a la sombra. Charlamos durante un par de horas, siempre en remojo. Nos despedimos con mucha pena, con la seguridad de que íbamos a mantener el contacto y que nos volveríamos a ver. Nos acompañaron al embarcadero y nos vieron partir en la barca.

 

En el Intercontinental Le Moana, nos quedaba tiempo para comer, para ducharnos y para esperar a que nos recogieran para llevarnos al aeropuerto. No pude resistir la oportunidad para hacerme una foto con una mujer polinesia. No, la mayoría no son como lo que se suele creer. Son extremadamente grandes. Grandes a lo alto y a lo ancho. Una recepcionista del hotel medía casi 2 metros y accedió amablemente a fotografiarse con nosotros.

 

Nos recogió el barco que lleva al aeropuerto, en poco tiempo subimos al avión que en algo más de una hora nos llevaría al aeropuerto de Papeete. No queríamos irnos, nos daba una pena tremenda pensar que el sueño se acababa, que nos despertábamos de nuestra luna de miel. Siempre llevaremos Polinesia Francesa en nuestros corazones y en nuestra mente, un lugar así no se olvida en la vida.

 

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