Japón

DIA 8  17-10-2008 OSAKA-NARA-OSAKA    Excursión a Nara. Otro magnífico complejo de templos en plena naturaleza.

Nos levantamos muy bien, algo habíamos recuperado o bien ya nos habíamos acostumbrado al ritmo de excursiones y paseos. Desayunamos en el hotel, ya que lo teníamos incluido. Uno de los motivos de alojarnos en Osaka es que se consigue ahorrar, ya que Kyoto es muy caro. Como está igual o mejor comunicado que Kyoto, para hacer excursiones es ideal.

Cogimos el metro hasta la estación de Tennoji y desde allí un corto trayecto de media hora (con el Rail Pass) nos llevó a Nara. Habíamos leído en otros relatos de viajeros que se podían alquilar bicis en la estación, algo que recomendamos y que consideramos casi imprescindible si se quiere ver bien la zona de templos. Al llegar a la estación, preguntamos en la oficina de turismo, en la que nos dieron muy buenas indicaciones. Alquilamos allí mismo las bicis por 500 yenes todo el día y salimos con algo de dudas, ya que llevábamos años sin montar. Cruzamos el pueblo, muy bien señalizado, a través de la calle comercial principal, en la que hay supermercados, tiendas, restaurantes, así que aprovechamos para avituallarnos cargando las mochilas.

Al salir del pueblo, hay un lago que indica el comienzo de la zona de templos. El primero que encontramos fue el Kofuku-ji Temple. Estaba muy tranquilo, así que disfrutamos de un breve paseo tras aparcar nuestras bicis. Los jardines estaban impecablemente cuidados, lo que le daba más belleza aún al lugar. De allí, un corto trayecto lleva a la pagoda de 5 plantas, una auténtica maravilla. Se puede observar desde muchos puntos, algunos rodeados de pinos y otros grandes árboles.

El camino hacia el templo principal, el Todaiji, fue de lo más entretenido. Las bicis no pueden llegar a todos sitios, normalmente indican el punto dónde debes dejarlas. Andando hacia el templo, comenzaron a aparecer ciervos por todos lados, que se acercaban a los turistas para curiosear y hurgar en las mochilas de los más despistados. Asombraba ver con qué confianza se acercaban y se dejaban tocar. Entre otras muchas cosas Nara es famosa por sus ciervos. En un puente encontramos a un peregrino, vestido con el atuendo típico con un ciervo tumbado a sus pies. Con aquel entorno, la estampa parecía de otra época. El ciervo se levantó, se acercó al peregrino y éste le habló cariñosamente, parecían entenderse. Todavía nos quedaba algún entretenimiento. Un grupo muy grande de niños, todos con el mismo gorro amarillo, tenían entre sus deberes de la excursión hacer varias preguntas en inglés a los turistas. Fue muy gracioso oír a un grupo de unos 10 niños preguntar “Güel al you flooom?”, “Guat is youl neiiim” todos a la vez. Por si acaso, te daban un papel con las preguntas escritas. Fuimos contestando a todas y cuándo nos tocó a nosotros preguntar se pusieron muy nerviosos, nos dijeron sus nombres y su edad. Nos hicimos varias fotos con ellos, por supuesto haciendo todos el símbolo de la V con los dedos, y con los ciervos que por allí deambulaban. Al hablar un poco con el profesor, entendimos por qué apenas hablan inglés en Japón. No pudimos entendernos prácticamente nada con él.

Por fin llegamos al Todaiji, el edificio de madera más grande del mundo, patrimonio de la humanidad. El recinto tiene un par de estanques, puertas gigantes de acceso y explanadas grandes donde celebran eventos de todo tipo. Para acceder al edificio hay que pagar, pero no puedes irte sin entrar en este sitio. En el interior hay un buda gigante y algunas otras estatuas de madera. La estructura es increíble, con una altura tremenda y unos pilares de madera de más de 1 metro diámetro. Precisamente el mayor interés lo tiene uno de estos pilares, en los que hay un hueco a unos 30 cm del suelo, de unos 50×40 cm. El que pasa por el hueco, consigue buenos augurios. Vimos como lo intentaba una extranjera y pudo a duras penas atravesar, así que yo lo descarté, pero Diana lo intentó y pudo pasar. Casi nadie lo intentaba, sólo algún niño, así que la gente esperaba para hacer fotos a los que lo conseguían. Salimos con una sonrisa de aquél lugar histórico.

Teníamos hambre, así que nos sentamos en un banco frente a los estanques con vistas al Todaiji y sacamos la comida que habíamos comprado en el pueblo. Compramos algo de bebida y almorzamos con unas vistas inmejorables. Tan sólo teníamos que estar un poco atentos a la llegada de los ciervos.

Nos subimos de nuevo en nuestras bicicletas para recorrer parte del parque ne Nara. Hay una explanada de césped inmensa en la que los grupos de niños excursionistas se reunían para su recuento. Era muy divertido verlos a todos de lejos, vestidos iguales, con la misma gorra y en fila, parecía un desfile que discurría por la pradera. Había muchos ciervos y decidimos parar para dar de comer a algunos. Comían de la mano y se dejaban tocar, nos encantó la experiencia.

Dejamos para el final el Kasuga Taisha, un complejo de templos situado en una colina, a la que se accedía por un camino lleno de faroles a los lados. La bici había que dejarla al pie de la colina y subir andando. Fue un poco cansado, pero pudimos disfrutar de los templos prácticamente solos. Estaban rodeados de árboles y maleza y los faroles indicaban los caminos entre unos y otros. La temperatura era bastante más fresca que en las praderas del pie de la colina.

De vuelta al pueblo, pasamos por una zona con varios estanques que tenían pasarelas, barcas para alquilar, quioscos en los que sentarse en medio de los estanques. Estaban muy tranquilos, como en tantos sitios encontramos a gente pintando cuadros y curioseamos un poco. A Diana le hubiera encantado pararse a pintar algún paisaje, pero no hay tiempo para todo en los viajes por desgracia. Ya en el pueblo, cuando estaba atardeciendo, paramos en una tienda de material de pintura, compramos unos pinceles y algún otro artículo.

Dejamos las bicicletas en la estación de tren y volvimos a Osaka, dónde llegamos ya de noche. Paseamos un rato por Shinsaibashi, cenamos y nos fuimos a dormir.

 

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