Japón

DIA 7  16-10-2008 TOKIO – OSAKA    Tren bala Tokio-Osaka, castillo de Osaka, Dotonbori. Nos gusta Osaka.

Dejábamos la que había sido nuestra casa en Tokio durante 5 días, los Oakwood Apartments. Desayunamos por última vez en nuestra mini mesa bajo la súper tele, recogimos lo poco que quedaba y salimos cargados con las maletas en dirección a la estación de Shinjuku. Las maletas con ruedas son imprescindibles si no se quiere ir en taxi en los traslados. Desde la estación de Shinjuku, llegamos con la Yamanote Line a la estación de Tokio. Allí solicitamos con nuestro Rail Pass plaza en el primer tren bala que salía hacia Osaka, aunque realmente no es necesario, ya que suele haber sitio de sobra.

Esperamos nuestro tren sobre las líneas perfectamente señalizadas en el suelo, vagón por vagón, puerta por puerta, todo al milímetro. Se forman pequeñas colas en cada pasillo señalizado, por lo que uno se puede hacer idea de cuántas personas subirán a cada vagón. Cuando el tren bala llegó tan puntual como siempre nos subimos y situamos las maletas delante de nuestras piernas, ya que son bien amplios los trenes.

El trayecto hasta Osaka dura unas 3 horas, que se pueden hacer perfectamente durmiendo, por la tranquilidad que se respira en los trenes y por la comodidad de los asientos. Nosotros dormimos casi todo el tiempo y nos perdimos gran parte del paisaje, pero las horas de sueño en los trenes de Japón son una inversión. Al llegar a Shin Osaka cogimos el metro y en sólo 2 paradas llegamos a Shinsaibashi, dónde estaba situado el Villa Fontaine. Hicimos el check in, subimos las maletas y comprobamos que la habitación era bastante amplia, para lo que son los hoteles en Japón. La situación era muy buena, junto a la zona comercial, de ocio y restaurantes de Osaka y a unos 100 metros de la estación de metro.

Salimos en dirección a la estación de nuevo para ir en metro al castillo de Osaka. Hasta ahora habíamos usado el Rail Pass para la mayoría de traslados en Tokio, por lo que notamos lo caros que son los transportes en Japón. Nos bajamos en la parada de Morinomiya y fuimos andando hacia el castillo. En los alrededores había un concierto de unos adolescentes de moda y cantidad de fans (niñas y no tan niña) con todo tipo de atuendos frikis. Incluso algunos grupos cantaban canciones con un desafine considerable. El foso de alrededor del castillo es muy grande, más que muchos ríos y lagos. De hecho había bastantes aves en él. Recorrimos un lateral del foso, buscando uno de los puentes de acceso y fuimos disfrutando de la vista del castillo desde distintos ángulos. Cuando por fin cruzamos el foso y llegamos a pie del castillo, vimos la maravilla de edificio, perfectamente conservado. Era el primero que veíamos en Japón y nos impresionó mucho. No entramos porque ya era tarde (muchas atracciones cierran a las 17:00) y apenas hubiéramos tenido tiempo de verlo por dentro. Aún así mereció la pena haber ido al lugar.

Volvimos de nuevo al metro, pero tuvimos la suerte de pasar por una escuela de kendo en la que había niños y jóvenes practicando. La indumentaria y la agresividad del deporte, en el que el objetivo es dar un palo en la cabeza, contrasta con el carácter que aparentemente tienen los japoneses. Está claro que las artes marciales en general forman parte de la cultura japonesa, pero cuesta pensar que desde niños practiquen deportes como el kendo. Estuvimos casi media hora contemplando combates y entrenamientos. Nos llamaron la atención unos 5-6 niños, que no llegarían a los 10 años, perfectamente ataviados, que apenas podían sostener el palo, pero a los que hacían golpear y gritar con fuerza todos a la vez.

Cogimos de nuevo el metro para ir a Dotonbori, pasear un rato, cenar algo y ver una de las calles más conocidas de Japón. Como teníamos hambre, lo primero que hicimos fue comprar unas albóndigas de pulpo y cerveza, para tomarlas sentados en un banco en la calle. Es muy típico, cómodo y económico cenar de esta manera. De hecho casi todos los restaurantes tienen un pequeño mostrador u horno para hacer albóndigas que dan a la calle. Es una gozada ir probando de todo, entra por los ojos nada más verlo. Pasamos el letrero que indica que has entrado en Dotonbori, luminoso, por supuesto, y primero nos detuvimos en un restaurante con un pulpo gigante en su fachada, más adelante el famoso cangrejo gigante articulado adornaba uno de los restaurantes más famosos de Japón. Compramos unas albóndigas de cangrejo, por supuesto y más cerveza. Continuando la calle, observamos el conocido pez globo gigante, reclamo de otro restaurante, pero esta vez no nos atrevimos a probar nada. Llegamos a la plaza llena de anuncios luminosos en el que está el de Glico del hombre corriendo, otro símbolo de Osaka. El recorrido se hace en 15 minutos si no paras, no es muy larga la calle, pero da mucho de sí. Si vas con hambre o ganas de diversión, puedes pasar la noche entera por allí.

 

Como estábamos muy cerca del hotel, fuimos andando por una de las galerías comerciales del lateral de la avenida Midosaji. Hay cientos de tiendas de todo tipo (ropa, comida, música). Es muy entretenido pasear por una de estas galerías porque se encuentra de todo y se ve a todo tipo de gente. En 15 minutos llegamos andando al hotel. Es lo bueno de los trenes bala, puedes cruzar Japón y aprovechar el día para hacer turismo.

 

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