Japón

DIA 6  15-10-2008 TOKIO    Ueno Park, Tokio Tower. Despedida de Tokio.

No nos levantamos muy temprano para poder recuperarnos de la paliza del día anterior. Desayunamos en la habitación ricos batidos de chocolate de tetra brik y algo de bollería. Subimos a la última planta de los apartamentos para disfrutar de las vistas, ya que el día estaba bastante despejado y cualquier visión desde lo alto en Tokio merece la pena. Descubrimos que la última planta era un salón con bar para el disfrute de los huéspedes, con un piano y rodeado de paredes de cristal para ver toda la ciudad. Nos llamó la atención que había terrazas bastante grandes con césped natural. Miramos desde todos los ángulos la ciudad, mereció la pena subir. Una vez más nos quedamos sin ver el monte Fuji, porque debe estar muy despejado el día y haber un nivel bajo de polución. Nos resultó curioso preguntar a varios trabajadores de los apartamentos que se encontraban allí y que no nos supieran decir en qué dirección se encontraba el monte Fuji. Llegaron a diferir 180º al señalarnos el punto dónde creían que podía estar.

 

Hicimos el corto paseo a la estación se Shinjuku y fuimos a la estación de Okachimachi, ya que la mañana la pasaríamos en el Ueno Park. Antes de entrar en el parque, pasamos por un templo cercano (Yushima), solitario, muy cuidado y bonito. Resulta curioso con la falta de espacio general encontrar lugares tan amplios dedicados a templos entre rascacielos.

 

Pasamos por un supermercado para picar algo y nos llamó la atención cómo varios trabajadores (oficinistas), compraban comida preparada que calentaban en microondas, se la comían en un banco del parque y de nuevo volvían a la oficina en unos 15 minutos. Entramos por la entrada sur del parque y nos quedamos muy sorprendidos con el estanque gigante de nenúfares gigantes. Más tarde nos sorprendería también el tamaño de las percas de esos estanques. Nos dirigimos a través de los caminos que cruzan los estanques al Kiyomizu Kamondo Hall, pequeño y bonito templo. Seguimos el paseo por las amplias avenidas refugiándonos del calor gracias a la sombra que daban los grandes árboles del parque. Como todos los animales del parque, los cuervos también eran gigantes y bastante confiados.

 

Encontramos un mercadillo artesanal montado en el interior de unas carpas. Nos vino bien para comprar algunos regalos, entre otras cosas unas teteras de cerámica muy originales. En este mercadillo encontramos a varias mujeres paseando a sus perros en carritos para perros, como si fueran bebés, les hicimos varias fotos y sacamos unas sonrisas a sus dueñas. Cruzando el parque llegamos al Jomyoin Temple, lugar con mucha historio, pero discreto. Sí nos gustó más el Kanei-ji Temple. Junto a este templo paramos un rato a contemplar cómo los niños de un colegio, de unos 6 años, hacían el cafre durante el recreo. Todos llevaban el mismo uniforme, azul marino, con alguna raya blanca. Nos divirtió mucho la estampa e incluso algunos se acercaron a saludarnos.

 

Aunque ya llevábamos un buen trecho andado, seguimos hasta la estación de Nippori. Para llegar a ella, cruzamos el cementerio de Yanaka. Es curioso que en Japón los cementerios son como parques, con acceso libre, sin vallas, en medio de cualquier barrio y son considerados zonas verdes. La zona era bonita, con casas unifamiliares de madera y amplios paseos. El toque de color al paseo se lo dio una lolita, vestida completamente de rosa, con melena rubia hasta la cintura, paraguas para el sol, medias hasta las rodillas y vestido con minifalda pomposa. Conozco gente en España que no se vestirían así ni en carnavales. En este caso, era la indumentaria elegida para pasear por el cementerio.

 

En la estación de Nippori, cogimos el tren de la Yamanote Line para ir a la Tokio Tower. Nos bajamos en la estación de Hamamatsucho y buscamos un restaurante para comer. La zona es muy comercial, había bastante tráfico y mucha gente por la calle. De camino a la Tokio Tower, pasamos por el templo de Zojoik, situado en el Shiba Park. La zona estaba muy cuidada, con arbustos perfectamente podados y con estatuas de las que simbolizan niños fallecidos ataviadas con gorros, baberos y algún adorno.

 

Estaba atardeciendo cuando llegamos a la torre, que es visible desde casi todo Tokio. Impresiona verla desde cerca, rodeada de tantos edificios. Es igual que la torre Eiffel de París, sólo varía en unos cuantos metros de altura y en que está pintada de rojo y blanco. Dimos una vuelta por los alrededores y por el interior del edificio de acceso, pero no subimos a la torre porque nos pareció caro, era tarde y ya habíamos subido a algunos edificios altos. Nos fuimos de vuelta al apartamento para cenar y hacer las maletas, ya que al día siguiente abandonábamos Tokio, con la ilusión de que estos días sólo habían sido sólo el principio.

 

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