Japón

DIA 4  13-10-2008 TOKIO    Asakusa, Akihabara y Tokio Dome. Pasado, presente y futuro de Tokio.

Hoy ya nos hemos levantado con agujetas. Hemos desayunado en la habitación y tras darle uso a los botoncitos del Toto, hemos bajado a la sala de reuniones de los apartamentos para meternos en Internet y escribir a la familia. Como ya teníamos la mochila preparada, hemos salido directamente a la calle en dirección a la estación de tren de Shinjuku. El trayecto de hoy era más largo y tras 20 minutos en la Yamanote Line hasta Ueno, hemos hecho un trasbordo al metro para ir a la parada de Asakusa. Hemos comprobado como cada día la cantidad de gente que trabaja limpiando escaleras, puertas, pasamanos.

 

El atractivo de Asakusa es el templo Senso-Ji, uno de los templos más visitados de Japón. Al llegar a la calle que lleva al templo la puerta Kaminari-Mon tiene una gran linterna roja que caracteriza toda la zona. Nos hicimos varias fotos, compartiendo protagonismo con los muñecos que fotografiaban los japoneses. Una vez admirada y pasada la puerta, llegamos a Nakamise una calle flanqueada por un mercado un poco artificial y turístico, pero con cosas interesantes. En Japón los lugares turísticos no son para los españoles, para los europeos o para los asiáticos, son para los japoneses, con lo cual no dejan de ser atractivos. Compramos unas galletas que las hacen en el momento y unas bolas fritas tipo tempura, además de una moneda ovalada conmemorativa del mercadillo. También pasamos por alguna de las tiendas que rodean el mercadillo para comprar algunos regalos, un paraguas transparente y una faja de geisha que aliviaría los dolores de espalda de Diana durante todo el viaje. Al terminar el mercadillo en una explanada rodeada del complejo de templos celebraban una ceremonia varios monjes ancianos rodeados de multitud de japoneses. Había mucha gente, lo que nos permitía ver los rituales religiosos de cada uno en los distintos lugares del templo. Una gran cantidad de linternas blancas con inscripciones adornaban la entrada al edificio principal. Este edificio tiene una linterna roja gigantesca, es muy grande, bonito y la mayoría de los visitantes hacen donativos antes del ritual de rezos. En la gran explanada hay una pagoda de 5 plantas de gran tamaño con un pararrayos dorado que resalta sobre el rojo dominante en todo el recinto. Aquí nos pilló un amable jubilado japonés para hacernos fotos con nuestra cámara en todos los sitios que el consideraba importantes. Sin cruzar palabras que entendiéramos nos fue situando delante de varios puntos para hacernos las fotos que creía oportunas. Al final nos hicimos una con él, aunque no entendía que quisiéramos esa foto. Los alrededores del Senso-Ji no son muy grandes, pero tienen jardines, pequeños templos y unos aseos “deluxe”. Como en tantos sitios, los aseos públicos son un ejemplo de modernidad y limpieza. Como anécdota mientras Diana los usaba se puso a tocar los botones del váter y salieron varios tipos de música, entre ellos una cisterna escandalosa.

 

De vuelta al metro empezó a caer una fina lluvia, por lo que compramos nuestro primer paraguas transparente. Realmente llaman la atención, pero lo mejor es su utilidad, ya que te permiten ver el camino y no chocar con las miles de personas que circulan por las calles. Cogimos el metro y más tarde el tren para bajarnos en la parada de Akihabara. Ahora sí llovía más fuerte, por lo que aprovechamos para comer en un pequeño y bonito restaurante. Comimos de maravilla, una carne y un arroz por un precio muy razonable. Nos trataron muy bien, como en todos sitios y los japoneses que entraban a comer nos miraban complacidos. Lo sorprendente era que entraban, comían y se iban de nuevo a trabajar en 15 minutos. También nos llamó la atención la permisividad que tienen con el tabaco, ya que se puede fumar en casi todos sitios y fuman muchísimo.

 

Seguía lloviendo, así que fuimos entrando en comercios a lo largo de las calles que llevaban a los mercadillos centrales de Akihabara. Las tiendas de electrónica, de 7 plantas algunas, tenían de todo. Se puede pasar un día entero preguntando qué es cada cosa. Los rótulos de todos los colores, luminosos y publicidad en general invaden cualquier ángulo de visión en las calles. Entramos en el Club Sega, un edificio de 5 plantas con todo tipo de juegos electrónicos. Poca luz, mucho ruido y cientos de juegos para elegir. Llama la atención que a pesar de haber consolas y juegos para casa de muchos tipos, los jóvenes y no tan jóvenes pasen los días jugando en estos clubes.

 

Aunque ya era de noche, decidimos ir al Tokio Dome. El estadio cubierto multiusos es un complejo muy moderno, rodeado de parques de atracciones, restaurantes y tiendas. Como era un día entre semana, llovía un poco y era tarde, apenas había nadie. Nos hubiera gustado ver el estadio por dentro, cuyo uso principal lo hacen los equipos de béisbol de la ciudad, pero nos tuvimos que conformar con asomarnos por la ventana de alguna puerta de acceso. Entramos en algunas de las tiendas y compramos medias y calcetines.

 

Volvimos al apartamento, muy cansados, tras un día muy variado y entretenido. Como siempre, pasamos un ratito intentando salir de la estación de Shinjuku, de la que siempre salíamos por una salida distinta. Paramos a comprar pan de sándwich y bebidas para cenar la chacina que traíamos desde España en uno de los mucos supermercados que abren 24 horas. Después de cenar nos duchamos, algo que también tenía su relativa complicación. La ducha era electrónica y se manejaba con botones con letras japonesas. Había una traducción en inglés en una pegatina junto a los mandos, pero tampoco estaba tan claro su manejo, sobre todo porque siempre estábamos muy cansados a última hora del día. Los cuartos de baño son cabinas prefabricadas en prácticamente todos lo hoteles. Antes de dormirnos, decidimos echarle valor e ir antes de Nikko a la lonja de pescado.

 

 

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