Japón

DIA 3  12-10-2008 TOKIO    Palacio Imperial, Parque Yoyogi, Harajuku y Shibuya. Barrios de Tokio, entretenimiento contínuo en la capital de Japón.

Como en otros viajes, el primer día no hemos madrugado para recuperar un poco. Hemos desayunado en la habitación, hemos preparado la mochila con papeles con lo que íbamos a visitar y hemos salido camino de la estación de Shinjuku. En cinco minutos hemos llegado a la Yamanote Line y en otros 15 nos ha dejado el tren en Tokio Station.

 

Aunque la estación de tren figura como un edificio atractivo, no lo hemos encontrado demasiado interesante. Además estaba en obras. La avenida que lleva al Palacio Imperial estaba cortada para el tráfico porque estaban haciendo un acto promocional de Tokio 2016. Nos han dado un par de botellas de agua de Tokio, que hemos guardado hasta el final del viaje para traerlas a España, para incrementar nuestra colección de botellas con arena de playa.

 

Apenas había gente por la calle, a pesar de ser domingo, las 11:00 de la mañana y hacer un día magnífico. Paseamos hasta atravesar el foso que rodea el gigantesco recinto del palacio y sus jardines. La amplitud del lugar y la perfección es abrumadora. Cada árbol de los jardines parece especialmente diseñado para la posición que ocupa, el césped está cortado al milímetro y todo está impoluto. Cada poco tiempo nos parábamos y girábamos 360º para disfrutar de la vista de jardines, edificios antiguos y rascacielos. Nos gustó mucho el corto paseo. Nos dirigimos al puente Nijushibashi, uno de los puntos más interesantes del exterior del palacio y dónde los grupos de turismo local montan bancos para hacerse multitudinarias fotos de grupo. También vimos por primera vez cómo la gente hacía fotos a sus muñecos, alguno de un tamaño importante, con los jardines o los edificios de fondo. Nos sorprendía comprobar algunas de las costumbres y manías de los japoneses, nos partíamos viendo que no era cosa de un friki, sino actitudes de un país.

 

Rodeamos el foso del recinto hasta llegar a los jardines de la zona este. El acceso lo hicimos por la puerta Otemon. Para entrar te dan unas fichas, aunque el acceso es gratis, que debes entregar al salir, para controlar que nadie permanezca dentro después del horario de cierre. Esta zona está dentro del recinto del Palacio Imperial, pero es de acceso público. De hecho es un gran parque con amplias zonas verdes en las que se puede pasear o estar tumbado en el césped. Disfrutamos de un aseo agradable y nos sentamos un rato a descansar en la zona de césped.

 

Salimos por la puerta Hirakawamon y nos encontramos con una carrera popular, en la que el recorrido estaba señalizado por personas. Las calles seguían vacías, sin tráfico, pero con alguna gente en bici y tandems. Buscamos una parada de metro cercana que nos enlazara con la Yamanote Line, para cambiar de barrio para la ruta de tarde.

 

Nos bajamos en la parada del Yoyogi Park y ya vimos algo más animada la calle. Entramos en el parque por la puerta norte, por una amplia avenida sin acceso a los vehículos, cubierta de árboles gigantes que dan mucha sombra. Llegamos hasta el templo Meiji, en el corazón del parque y ¡sorpresa! Había boda. Los participantes del evento posaban para hacerse fotos, lo que aprovechábamos el resto de los pocos turistas que había para hacer las nuestras. Nos llamaban mucho la atención los atuendos de la gente, pero sobretodo los de las niñas pequeñas con sus coloridos kimonos. Lo pasamos muy bien contemplando nuestra primera boda nipona, además generalmente agradecían que les pidieras hacerse fotos, a pesar de la timidez general. Entramos al templo, que nos pareció muy bonito, pero tenía montados algunos escenarios para alguna representación. Las tablas con mensajes de turistas y locales cuelgan en las estructuras preparadas para ellas, formando parte del paisaje. Es increíble la cantidad de madera que se usa para estas cosas.

 

Continuamos hasta la salida del parque, uno de los lugares más esperados del día. Un poco antes, una exposición de barriles de vino daba colorido al parque. Salimos justo en la parada de tren de Harajuku, en el puente que une el parque con el animado barrio. Allí pudimos contemplar a los primeros personajes, los cosplay, las lolitas, frikis en general. Realmente se lo toman en serio, cada vestido y cada maquillaje debe costarles un dineral y mucho tiempo. Algunos estaban sentados en el suelo, otros cantaban, otros se exhibían, pero la mayoría llevaban con la mayor naturalidad sus atuendos, de hecho iban de tiendas o comían en los puestos callejeros porque iban de paseo. De las más llamativas “las pastoras”, chicas vestidas de rosa como un personaje de manga. Llamativas también las que llevaban gorro de lana y ropa de “borreguito” a pesar de los 28º de temperatura. Disfrutamos durante un buen rato únicamente viendo la gente pasar por la calle, pocos pasaban desapercibidos por Takeshita Dori, la calle principal de Harajuku.

 

No habíamos parado a comer y eran casi las 16:00. En Takeshita Dori hay varios restaurantes que cuesta distinguir, ya que únicamente tienen una pequeña puerta de madera y papel de arroz. Pasamos al interior de uno, muy típico, tranquilo y sin turistas. Comimos tempura de jamón con queso (flamenquín japonés), sopa, arroz, ensalada, todo muy rico y muy barato. A pesar de acabar satisfechos, no podíamos perdernos los tremendos crepes que había en pastelerías cada 50 metros. Nos pedimos uno de chocolate y otro relleno de fresas naturales. Espectaculares, buenísimos, llenaban casi como un almuerzo y sólo costaban 500 yenes. Dimos algunas vueltas por la zona hasta que anocheció, momento en el que fuimos a la parada de tren de la Yamanote Line para ir a Shibuya.

 

Los traslados son rápidos en Tokio y el Rail Pass es muy útil, ya que incluye la red de trenes (que no de metro) que comunica casi todos los barrios. Sólo hay que enseñar el documento en la puerta lateral en la que está el funcionario y pasar, por lo que no hay que perder tiempo de sacar el ticket ni de esperar las pequeñas colas que a veces hay en los tornos. En pocos minutos llegamos a Shibuya, el barrio más populoso y comercial de Tokio. Grandes centros comerciales en calles muy iluminadas y saturadas de anuncios de colores llamativos indican que estás en el centro de Shibuya. Justo antes de llegar al punto más famoso, nos llamó mucho la atención una tienda Disney, por lo que entramos en el pequeño castillo de dibujos animados para dar una vuelta. A la salida nos dirigimos al famoso cruce de Shibuya, por dónde pasan un millón de personas al día. A pesar de ser domingo a las 21:00 horas el lugar se llenaba de gente en cada paso de semáforo. El cruce es espectacular con pasos en diagonal y perpendicular, lo más parecido a un hormiguero, tras las estaciones de metro, claro. El lugar nos pareció más pequeño de lo que esperábamos, pero no nos defraudó. Subimos a un centro comercial (todo estaba abierto) para ver el cruce desde arriba e hicimos algunas fotos y vídeos ya que no sólo las imágenes son características, sino que los sonidos electrónicos son algo que siempre está presente.

 

Desde Shibuya, de nuevo en tren, llegamos a Shinjuku. De camino al apartamento compramos pan para hacernos unos sándwiches en la habitación. Habíamos llevado chacina envasada al vacío desde España para no gastar tanto en comida y sobretodo para no comer 15 días seguidos comida asiática, que nos gusta, pero nos cansa pronto. Cenamos y tras una reparadora ducha, nos fuimos a contar borreguitos (como las pastoras de Harajuku).

 

 

 

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