Japón

DIA 2  11-10-2008 TOKIO    Tren Nagoya-Tokio, barrio de Shinjuku. Tren bala, luces, colores, automatismos, pachinko: Japón is different.

A las 11:00 de la mañana, hora de Japón hemos aterrizado en el tranquilo aeropuerto de esta ciudad. Pasamos por inmigración en un rápido trámite, dónde hemos coincidido con otra pareja de españoles que viajaban por su cuenta y tenían claro que había que coger un tren para llegar a la estación de Nagoya. Mirando los horarios había poco tiempo, así que nos hemos enfrentado a la primera máquina expendedora del país, con algo de ayuda de personal del aeropuerto, para sacar los billetes (850 yenes). Con prisas nos hemos dirigido a subirnos en el tren, pero a mitad de camino nos hemos dado cuenta que habíamos cogido el tren lento en vez de el Express, ya que nos han adelantado un par de ellos mientras esperábamos parados en varias estaciones.

 

Finalmente, hemos llegado a la estación de Nagoya y aquí sí que había gente. Andaban en todos los sentidos, rápidamente, lo que nos ha mareado un poco. Nos hemos dirigido al punto de validación del Rail Pass y había una cola grande. El trámite es un poco lento, porque lo revisan todo muy bien, menos mal que después es todo mucho más rápido. Con el Rail Pass hemos ido a que nos dieran billetes para el próximo tren para ir con asiento reservado por si acaso, ya que llevábamos las maletas.

 

Hemos buscado nuestro andén para subirnos en el primer tren bala. Durante la corta espera, hemos visto pasar algunos de estos modernos trenes, con estricta puntualidad. Nos hemos comprado una cocacola en un bote de jarabe por 110 yenes, en otra máquina de vending, por supuesto. En el andén ya hemos podido ver los primeros kimonos, los primeros frikis, los primeros rascacielos. Nos hemos subido al tren con las maletas, preocupados por la cantidad de gente que había. Nos hemos sorprendido de lo amplios que son estos trenes. Las maletas podíamos llevarlas entre los asientos de delante y nuestras rodillas. Hay 2 series de 3 asientos por cada fila, muy amplios, reclinables, con bandejas para comer. La velocidad no se nota, a pesar de ir a más de 300 km/h.

 

Tras un rato de siesta, hemos despertado llegando a Tokio. Nos hemos bajado en la estación de Shinagawa, para tomar el tren de la Yamanote Line hasta Shin-Okubo. Hemos preguntado cómo accedíamos a los andenes de los trenes, ya que el Rail Pass es como un carnet de conducir y todos son tornos. Nos han indicado que teníamos que pasar por donde está el revisor de los tornos y enseñarlo, sin sacar ningún ticket. Así que otra de las ventajas del Rail Pass es que no hay que perder tiempo en las máquinas expendedoras.

Nos hemos bajado en Shin-Okubo y hemos seguido las indicaciones que llevábamos para encontrar nuestro alojamiento para los próximos 5 días, los apartamentos Oakwood. Han sido 5 minutos andando por una zona relativamente tranquila, llena de supermercados de apertura 24 horas.

 

Al llegar hemos hecho el check-in y hemos subido al apartamento. Estaba todo muy nuevo y cuidado, tele de plasma, mini cocina, lavadora, plancha, mini terraza, todo en muy poquitos metros cuadrados. Mención especial merece el primer Toto que usamos en Japón. Los baños son cabinas insertadas en las habitaciones (en la mayoría de los hoteles son así) y los váteres son con chorrito. Al principio sorprende y hasta incomoda, pero cuando vuelves del viaje te arrepientes de no haber comprado uno (hay quien lo hace).

 

No hemos parado a descansar, únicamente hemos deshecho las maletas y hemos colocado las cosas como hemos podido en el pequeño armario. Estábamos cansados pero con muchas ganas de conocer Tokio. Como no teníamos mucho tiempo el primer día, hemos ido a conocer Shinjuku, nuestro barrio. Nada más bajar a la calle, hemos oído ruido de máquinas recreativas y nos hemos acercado a curiosear. Se trataba de un pachinko, una sala de juegos gigante, de las que hay en cada esquina, donde miles de japoneses pasan horas jugando y fumando. Es impresionante el ruido, la luz y el movimiento que hay en estas salas. Paradójicamente está prohibido el juego con dinero en Japón, así que compran miles de bolitas de acero, que son las que pasan por la máquina y llenan cajas. A la salida les canjean esas miles de bolitas por regalos, que unos metros más adelante, en otros comercios canjean por yenes. Una locura, si no se ve no se puede imaginar (ver vídeo).

 

En 5 minutos andando hemos llegado a la estación de tren de Shinjuku, una de las de mayor tránsito de personas del mundo. Tiene más de 50 accesos y como la íbamos a usar cada día, queríamos verla para familiarizarnos con ella. En la entrada que teníamos que usar cada día se situaba uno de los edificios más espectaculares y modernos que vimos en todo el viaje. Casi cada día nos parábamos a contemplarlo y hacerle fotos. Hemos comprobado que la estación efectivamente es gigante y aunque está señalizada con caracteres occidentales, es muy fácil perderse.

 

Hemos paseado en dirección al edificio metropolitano del gobierno durante el atardecer. Las calles estaban tranquilas y tanto que al llegar al edificio no hemos tenido a quién preguntar por la entrada. Hemos leído en uno de los accesos que estaba cerrado, pero hemos dado una vuelta hasta llegar a la entrada para los que van a subir a contemplar las vistas. Es gratuito y muy aconsejable hacer esta visita. Pudimos comprobar que Tokio es inmenso, miráramos en la dirección que miráramos todo estaba cubierto de edificios, ya iluminados a esa hora.

 

Hemos seguido el paseo por la zona de pequeños bares, pero no hemos probado nada, hasta llegar a una de las calles comerciales de Shinjuku. De pronto hemos encontrado el lugar en que estaba todo el mundo, con calles llenas de gente, iluminación cegadora y centros comerciales de todo tipo. Para terminar nuestro primer día, hemos entrado en un salón de juegos tipo Sega, de unas 5 plantas lleno de jóvenes jugando a maquinitas de lo más sofisticadas, pero también de las más clásicas.

 

De camino a nuestro alojamiento, hemos parado en uno de los muchos supermercados que abren 24 horas para comprar agua y cosas para desayunar. En pocos minutos andando llegamos a los apartamentos y caímos derrotados en nuestro pequeño hogar de Tokio.

 

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