Indonesia

DIA 8  18-5-2008 JOGYAKARTA-BALI Vuelo con Garuda, Hotel Kajane, mercado central y piscina. Diferencia entre particular y privado. 

Habíamos comprado el vuelo al llegar a Jogyakarta en las oficinas de Garuda. Lo intentamos reservar por teléfono desde España, pero la clave de 8 letras que nos dio el teleoperador no coincidía nunca cuando la ponía en la web de las reservas. Es uno de los inconvenientes de los vuelos internos, ya resuelto como contamos en nuestra página de Indonesia 15 días. El caso es que sólo quedaban billetes  en clase bussines (87€ por persona), así que nos salió un poco más caro de lo previsto este desplazamiento. Imaginaos, bussines por 87€, pues nada, un mantelito para los cacahuetes y preguntarnos varias veces si queríamos más agua fue el detalle de Garuda con nosotros. El vuelo fue breve y tranquilo y las vistas del Merapi muy bonitas. Aterrizamos en Bali y fuimos a la zona de los taxis de prepago. Por 12 € nos llevó el taxi a Ubud. En principio nos pareció caro, ya que veníamos de la baratísima Java, pero el trayecto fue de casi 1 hora, con lo cual quedaba relativamente justificado. Es la mejor opción, a menos que hayas contratado un guía desde España y te pueda recoger en el aeropuerto de Denpasar. Al llegar al hotel Kajane nos llevamos una pequeña decepción, que se subsanaría no sin pelearla bastante. El hotel era una pasada (84€ la noche en Ubud dan para muchos lujos), pero precisamente íbamos allí porque teníamos piscina privada. Para el Kajane (y para Asiarooms), piscina particular (private pool) significa piscina particular del hotel, es decir, compartida con otras 3 habitaciones. El día 19 era nuestro aniversario y queríamos piscina privada (private pool villa, para Asiaroooms y el Kajane) así que nos tocó negociar por teléfono con Asiarooms y en persona con el hotel. El inglés cabreado no es que se nos dé muy bien, pero terminas aprendiendo con estas situaciones. La verdad es que fue de lo más desagradable la situación, pero en unas horas llegamos a un acuerdo: la primera noche la pasábamos en la habitación normal y la segunda en la villa privada con piscina privada, pagando un suplemento de 36 €.          

Nos fuimos a dar una vuelta por el centro de Ubud, intentando olvidar el sofocón. Pasamos por el mercado central y por los bonitos templos de alrededor. Aquello nos gustaba mucho más que Jogyakarta, todo limpio, cuidado, tranquilo, con sus motos, pero hasta sonaban mejor que en Java. El paseo nos dio hambre así que aprovechamos para estrenar el Lotus Café. Qué restaurante tan especial. Es imprescindible pasar por él a cenar o almorzar. Tiene vistas y acceso a uno de los templos más bonitos de Ubud y tiene unos estanques de nenúfares gigantes. Para completar, la comida está muy buena y muy bien de precio. Comimos por 12 euros los 2, con un par de Bintangs para bajar el calor. De vuelta al hotel, pasamos por varias agencias locales, pero todas ofrecían excursiones de grupo. Nos informamos de los recorridos que hacían y negociamos con el primer guía que se nos ofreció en la calle. El tipo parecía divertido, un poco loco, pero hablaba inglés perfectamente. Le dijimos que queríamos los recorridos clásicos, este y oeste, y que nos llevara a coger el barco a las Gili. Por 25$ al día (15€ de entonces) conseguimos un conductor-guía. Si el primer día iba mal la cosa, siempre podíamos cambiar. Se llama Ketut Puspawan, habla inglés y japonés y es recomendable. Os dejo su teléfono: 081 338 539 235.  Si contactáis con él dadle recuerdos de Willy y Diana. También vimos una lavandería en la misma calle principal (Monkey Forest) que usaríamos durante nuestra estancia en Ubud, también muy bien de precio.             

Llegamos al hotel y nos dimos un relajante baño en la magnífica piscina particular. Habíamos llegado al famoso lujo balinés, pero esto sólo era el principio. Pasamos un rato en la piscina y nos trajeron el té de la tarde. Es habitual en todos los hoteles y consiste en una pequeña tetera de té y algún dulce bien rico. Deshicimos poco las maletas, ya que nos cambiábamos al día siguiente a la villa, nos dimos algún baño más y salimos a cenar algo en algún bar cercano. Una vez más, comimos muy bien y muy barato. Así cómo en Java es difícil acertar con el restaurante, lo complicado en Bali es equivocarse. Nos fuimos a dormir sabiendo que nos despertaríamos en nuestro día grande: el primer aniversario de boda.   

 

Deja un comentario