Indonesia

 

DIA 6  16-5-2008 JOGYAKARTA Dieng Plateau, Borobudur. Famosos en Java. 

El principal motivo de la escala en Java era la visita al Borobudur. Nos recogió la agencia en un todoterreno, con conductor y guía. El precio de la excursión para nosotros 2 había sido de unos 20 euros todo el día, tirado. A la salida de Jogja queríamos hacer fotos al Merapi, pero pronto las nubes taparon su cima.  En primer lugar fuimos al Dieng Plateau, una zona llena de templos abandonados, plantaciones de té, vegetación y aguas sulfurosas. Los paisajes eran muy bonitos, con volcanes inactivos por todos lados. Paramos en una plantación de té y en un mirador sobre un valle precioso. En el mirador un artesano vaciaba troncos de edelweiss y los moldeaba con bonitas formas. Le dijimos que se los comprábamos todos (tenía 4 ó 5) porque pedía menos de 1 euro por cada uno y nos parecían increíblemente bonitos. Era cómo si hiciera magia cuando cortaba un tronco y salían las vetas de la madera. Teníamos un problema: el peso. Le dijimos que los vaciara por dentro para no ir limitando las compras. Da igual viajar con la maleta vacía, en unos días las llenamos con todo lo que nos llama la atención. Ni que decir tiene, que al artesano lo dejamos bien contento. Pagas una miseria y das una alegría a una persona que trabaja todo el día. Si al final no entraban en la maleta ya veríamos qué hacíamos. 

 Paramos en una zona de pequeños templos. No eran muy bonitos pero sí el valle donde estaban situados. No había nadie, lo que hacía más agradable la visita. Posteriormente llegamos a una zona de aguas sulfurosas que indicaban que la zona volcánica no estaba tan inactiva. El olor era muy fuerte y tampoco había turistas. Al irnos para el coche una niña pequeña estaba muy nerviosa pidiéndole algo a sus padres. Al momento, el padre se acercó y nos pidió que nos hiciéramos una foto con su hija. Encantados, aprovechamos también, ya que nos encanta fotografiar a gente y no siempre es fácil. La siguiente parada era en el lago verde. El agua parecía muy densa y el color era muy intenso.      

Paramos a comer en uno de los pocos restaurantes adecuados para extranjeros. Aún así nos resultó difícil comer algo. El aspecto, el picante y la comida fría no invitaban a darse un atracón.  Durante todo el recorrido, por cada pueblo que pasábamos notamos que había muchas señalizaciones de obras. Carteles indicaban “hati, hati” (despacio) y aunque apenas trabajaba nadie, sí que pedían dinero a los conductores con un cazamariposas. Preguntamos por este curioso sistema de financiación y nos dijeron que era muy común en Java. Pueblos con poco dinero se inventan obras y piden dinero para material. Todos los conductores pagan. Te das cuenta que además de que las excursiones son baratas, el dinero se distribuye por el país, no sabemos si correctamente. Llegamos al Borobudur cuando el calor había bajado un poco y estuvimos varias horas hasta el atardecer. No se puede describir con palabras las sensaciones y vivencias que allí tuvimos. Creo que lo que mejor describe este lugar son las fotos. El templo es grandioso, espectacular, rodeado de selva y en muy buen estado. Evidentemente ha sido restaurado multitud de veces porque con los terremotos las estupas hechas de piedra volcánica se derrumban fácilmente. No importa, en este caso es preferible que esté así. No había casi turistas extranjeros. Y muy pocos locales, pero tenemos fotos de todos. Todos los locales que pasaron por el templo se hicieron fotos con nosotros. Al principio era un poco embarazoso, ya que a ellos también les daba corte. Pero luego, hasta esperábamos mientras hacían cola para fotografiarse con nosotros. Fue una experiencia muy divertida. Ellos, muy agradecidos, nosotros, más. En algún caso alguna moza no tenía mucho interés en que Diana saliera en la foto y a mí me agarraba bien fuerte. De este día tenemos algunas de las mejores fotos de nuestra vida. Hicimos desde todos los ángulos, solos, con gente, con poca luz… Una de ellas la tenemos a doble página en el álbum digital que hacemos tras los viajes. No olvidaremos nunca este día.                

Cuando la gente pregunta por Indonesia, no tenemos dudas de aconsejar que hay que pasar por el Borobudur. No requiere apenas tiempo y mucho menos dinero.  Del Borobudur fuimos camino al hotel. Nos acostamos felices sabiendo que habíamos tenido una de las mejores experiencias de nuestra vida.  

 

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