Indonesia

DIA 4  14-5-2008 SINGAPUR-JOGYAKARTA Hotel Raffles en Singapur, entrada a Indonesia por Java, sí, somos turistas. 

Amaneció lloviendo, pero con calor. Cuando terminamos de desayunar, apenas llovía y dimos el paseo hasta el Hotel Raffles. Muy bonito, lo recorrimos por fuera, por dentro y cumplimos con el protocolo de la visita. Nos gustó, la verdad, pero nos habíamos quedado con ganas de conocer por dentro el edificio de la biblioteca nacional, así que dimos otro paseo. Nos colamos hasta los ascensores, aunque me imagino que la entrada es libre. Nosotros por si acaso no preguntamos, dónde hay un ascensor ahí vamos a ver si podemos tener buenas vistas. Subimos al piso 15 y vimos la ciudad desde lo alto, ya que no nos llamaba mucho la atención pagar por subir en la noria del puerto. El edificio es una maravilla.         

Volvimos al hotel a recoger nuestras maletas y cogimos un taxi (6 €) hasta el aeropuerto. Durante la corta espera del vuelo, estuvimos metidos en internet con los ordenadores que hay repartidos por todo el aeropuerto, incluso en la sala de espera para el embarque. Había muy pocos turistas esperando el vuelo y una excursión de mujeres javanesas musulmanas, de pequeña estatura y muy animadas. El destino era Jakarta y volábamos con Lion Air. El vuelo fue correcto, pero teníamos una nueva tarea en el aeropuerto de Jakarta: presentar nuestras quejas por la rotura de la maleta a Qatar Airways. Previamente pasamos el trámite de inmigración (creo que no éramos más de 5 personas) donde te cogen el dinero y te invitan a leer el cartel de bienvenida, algo así como “Welcome to Indonesia, we kill drug dealers”. Cambiamos poco dinero en una oficina del aeropuerto, con un cambio más o menos aceptable (14100 rupias por euro) y ya teníamos nuestros primeros millones en el bolsillo. Después de un buen rato dando vueltas por aquel aeropuerto fantasma, discutimos con una mujer que no nos quiso atender y decidimos olvidar el caso hasta la vuelta a España. Por el suelo, policías tumbados jugando al ajedrez, pasillos sin ningunas indicaciones y muy poca gente en general. Averiguamos cómo cambiar de terminal, un poco nerviosos porque habíamos perdido tiempo, pero finalmente encontramos el minibús. La terminal 2 sí que estaba llena de gente, no recuerdo ver ni un turista, sí recuerdo que todo el mundo nos miraba. Habíamos leído que en Java la gente ve a los turistas como una atracción más y esto sólo era el principio. La sala de embarque era muy oscura y estaba al completo. El vuelo, de nuevo con Lion Air tuvo algo de retraso, pero como era tan corta la distancia, no tardamos más de 45 minutos en llegar. A la salida del pequeño aeropuerto cogimos un taxi (5 €) y nos introdujo en la bulliciosa ciudad de Jogjakarta, Jogyakarta, Yogyakarta o Jogja para los amigos. Ni ellos se ponen de acuerdo para escribir su nombre. Era de noche y las calles estaban a rebosar. Motos a cientos y puestos callejeros daban mucha vida a las calles… y suciedad. Vaya cambio, del orden y limpieza de Singapur, al desorden y suciedad de Jogyakarta. Llegamos a nuestro hotel, el Meliá Purosani, que por 36 € la noche fue uno de los triunfos del viaje. Perfectamente situado, tranquilo y con unos jardines y piscina impresionantes. Al pedir que nos dieran una habitación buena nos dieron una muy grande que hacía esquina. Subimos a la habitación, deshicimos las maletas y cenamos en el mismo hotel para irnos pronto a dormir.             

 

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