Indonesia

DIA 19  29-5-2008 SEMINYAK-SINGAPUR Playa de Seminyak, vuelo a Singapur. Aprovechamos hasta el último minuto. 

Habíamos pedido al hotel salir más tarde de la villa, ya que nuestro vuelo era a las 10 de la noche. Nos dijeron que no había problema, así que dejamos preparadas las maletas y nos fuimos a la playa, previo desayuno en el Zanzíbar. Alquilamos tumbonas y sombrilla y nos pusimos manos a la obra con las clases de surf. Primero, la teoría en tierra, más tarde, intentando mantenerme de pie en la tabla. No tardé en conseguir ponerme de pie, algo que yo creía imposible a menos que diera una semana de clases intensivas. No había olas muy grandes, pero se cogía velocidad suficiente para ir aprendiendo. La tabla era gigante, así que no se hundía como yo pensaba. Después de media hora estaba cansado y como tenía tiempo ilimitado, me fui a descansar.  Entre baños y clases transcurrió la mañana, hasta que nos entró hambre y fuimos a la terraza de un restaurante de primera línea de playa a comer. Nos quedaba poco tiempo en Bali y todavía algunas cosas por hacer. Decidimos separarnos para poder abarcarlo todo. Diana se fue en taxi al taller de pintura y yo a seguí con el surf. Fui progresando adecuadamente y ahora el que estaba pasándolo mal era mi amigo de las sombrillas porque el agua estaba un poco fría. Además como medía poco más de 1,50, le costaba aguantar las embestidas de las olas. Ya me dejó solo y fue cuando me emocioné del todo. Algunas olas las cabalgué (ya os digo que me emocioné) unos 20 segundos, sintiéndome el tío más feliz de Kuta. Me daba pena que Diana no lo viera, pero ya por la mañana vio mis progresos. Con un tremendo dolor de espalda di por finalizada las 4 horas de clase. Si el chaval llega a saber lo pesado que era, me hubiera cobrado el doble. De todas formas les dimos una buena propina a nuestros amigos de las tumbonas.  Diana seguía en el taller de pintura, dónde disfrutó de un tarde inolvidable. No sólo estuvo aprendiendo, sino que estuvo pintando con los trabajadores. Los cuadros que allí tenían eran impresionantes. Ella también hizo sus pinitos y pintó un bonito cuadro al mejor estilo balinés en sólo unas horas. Cualquier día es bueno en esta maravilla de isla para aprovecharlo al máximo.

Teníamos que coger el avión en unas horas y Diana no aparecía, así que me preocupé un poco. Al rato apareció con sonrisa de felicidad, señal de que había disfrutado también de la última tarde en Bali. Nos despedimos de nuestros amigos playeros y fuimos andando para ver el atardecer en el KudeTa, otra de las recomendaciones clásicas de las guías. El sitio está muy ambientado, pero por absurdas normas de seguridad, no permitían entrar desde la playa, así que nos tumbamos delante para ver el atardecer desde allí.             

Con un poco de prisa, llegamos a la villa para ducharnos y recoger nuestras maletas. Nos recogió Made y le pedimos hacernos una foto, de esas tan útiles para que nuestros amigos lo reconozcan cuando vayan a Bali. Nos llevó al aeropuerto con el taxímetro puesto y no llegó a 5 euros. Le dimos una buena propina y le prometimos que le enviaríamos a amigos. No están muy bien las cosas en cuanto a turismo y mucha gente vive de este sector. Los atentados y los falsos mitos sobre seguridad hacen mucho daño. Comprobamos en cada viaje como cualquier decisión política o cualquier pequeño altercado que se publique en los medios de comunicación, puede hacer pasar mucha hambre a mucha gente. Hay que ser muy cuidadosos con estas cosas. Desde aquí ponemos un pequeño grano de arena para apoyar a esta buena gente. Si este relato anima a una sola persona a viajar a Bali, ya habrá merecido la pena trabajar tantas horas en él. Lástima que una sola noticia pueda hacer que miles de personas no vayan. El aeropuerto de Denpasar es pequeño y hay poco que hacer, como en la mayoría. El vuelo con Jetstar a Singapur salió puntual y nos dejó después de la medianoche en el aeropuerto de Changi. Cogimos un taxi para que nos llevara al Hang Out, al que llegamos absolutamente derrotados. Dormimos profundamente nuestra pena de abandonar Bali.         

 

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