Indonesia

DIA 18  28-5-2008 SEMINYAK Playa de Seminyak, Uluwatu y Tanah Lot. Templos mágicos, descubrimos a Made. 

No nos levantamos temprano, ya que arrastrábamos cansancio y unos juerguistas vecinos llegaron haciendo ruido a mitad de la noche. Se notaba que estábamos en Kuta. Como no teníamos el desayuno incluido, fuimos al Zanzíbar a desayunar viendo el mar. Muy bien también.  Cruzamos la calle para pasar la mañana en la playa. Hablamos con unos jóvenes que alquilaban de todo y les pedimos unas tumbonas, una sombrilla y algún refresco durante la mañana. La playa era muy amplia y apenas había gente, se estaba muy bien. De vez en cuando pasaba alguien a vender sarongs, artesanía, ropa, pulseras… Tanta oferta era demasiado amplia para que Diana la rechazara completa, así que decidió aceptar el servicio de pedicura que  le hizo una mujer mayor muy simpática. Terminó con Diana, a la que dejó muy contenta, con una bonita flor pintada en las uñas de los dedos gordos de los pies. Cuando vio mis pies, pensó que ya tenía el día hecho, porque con el deporte y con los días de playa se me ponen fatal. Pero yo soy más duro y no me dejé, a pesar de la insistencia de la mujer y de Diana. Al lado de nosotros teníamos a 2 australianas al estilo de Victoria Beckham con los mimados niños revoloteando alrededor. Cada una tenía 2 mujeres al servicio, una para las manos y otra para los pies. No era una imagen muy edificante, pero al fin y al cabo les dejaban un dinero que seguro les hacía mucha falta.

Me acerqué a unos monitores que iban muy equipados de surf para preguntar por las clases. Siempre he querido hacer surf, pero nunca había pensado que la tabla no se hundiera conmigo. Me pidieron 35 dólares por 2 horas de clase y tenían 15 alumnos para 3 monitores. Me parecía un poco abuso, pero no tenía alternativa… o sí. Nuestros amigos de alquiler de tumbonas también daban clases de surf y de lo que le pidieses. Me pidieron 10 dólares por todo el día y se metían conmigo en el agua a sujetarme la tabla para empezar a aprender. También dejábamos una vez más nuestro dinero directamente en manos de gente local, a la vez que nos ahorrábamos una pasta. Quedamos para el día siguiente. Pasamos una entretenida mañana en la playa, bañándonos de vez en cuando. Fuimos a comer temprano a la terraza de un restaurante de la primera línea. Comimos de maravilla, viendo el mar y muy entretenidos por una ardilla que se paseaba por los cables de electricidad haciendo equilibrios.

Nos tocaba otra vez negociar para que un conductor nos llevara a los templos del sur aquella tarde y aunque pensamos que era fácil tener un buen precio, nos costó algún regateo desagradable. Nos pedían 300.000 rupias (20 €) por echar la tarde, cuando habíamos pagado 15 por todo el día en Ubud. Otra desventaja de alojarse en estos sitios tan turísticos. Confiamos en nuestra suerte y seguimos avanzando, pero nos dejaron ir, así que nos veíamos obligados a soltar la pasta. Llegamos a la parada de taxis que había junto al hotel a probar suerte, nos teníamos que ir ya. Esta vez la estrategia fue la siguiente: había 3 taxistas y dijimos que quién se venía a ver templos por 200.000 rupias. Uno pasó, otro se lo pensó y el más listo nos siguió prudentemente unos metros. Nos llamó y nos dijo que por 220.000 nos llevaba, pero que si preguntaban los compañeros, le habíamos pagado 250.000. Pasamos a dejar las toallas al hotel y salimos animados a la última excursión por Bali.  Al subirnos al taxi, ya nos dimos cuenta de la gran persona que nos acompañaba. Se llamaba Made y hablaba muy bien inglés, era muy educado y muy curioso. En pocos minutos, nos encontramos completamente a gusto con él. Nos dirigíamos en primer lugar al Uluwatu, al que tardamos una media hora en llegar. Habíamos leído historias sobre los monos del Uluwatu. Unas decían que eran agresivos, otras que están amaestrados para quitarte gafas, móvil, mochila… A cambio de unos plátanos devuelven su captura y el guía de turno se lleva su comisión. Esto no lo vimos, pero sí lo vimos factible, por la cantidad de guías ociosos que había en la entrada. Pagamos para entrar y nos dieron un palo para alejar a los monos en caso de necesidad. No entramos muy tranquilos que digamos, pero disfrutamos de la visita. Apenas había turistas, así que dimos un tranquilo paseo y observamos las maravillosas vistas de los templos y acantilados.             

A la salida nos esperaba Made, para llevarnos al Tanah Lot. Teníamos un trayecto de más de una hora, por lo que aprovechamos para preguntar cosas a Made. Nos contó entre otras cosas como celebran el año nuevo sin hacer nada, encerrados en casa durante 24 horas. Sorprendentemente casi respondimos nosotros más preguntas que él. Era muy curioso y hacía preguntas muy interesantes, que te hacían ver el mundo desde el otro lado, desde el que recibe a los turistas. Todavía recordamos cariñosamente como nos pregunta, con voz parecida a Apu, el del Badulaque de los Simpsons: “Excuse me, Mr Willy, in youuur countiri are elephants?”, “And, Mr Willy, in youuur countiri are so many fields like here”. Al mes siguiente de llegar a España, unos amigos nuestros que iban de luna de miel lo llamaron por teléfono para que los llevara a las excursiones y terminaron encantados, no puede ser de otra manera.  

Había mucho tráfico, pero llegamos a tiempo al Tanah Lot, el templo más espectacular de Bali, pero también el más masificado. Después de 20 días de apenas ver turistas, nos chocó el tinglado montado alrededor del templo. Un parking gigante, un mercadillo inmenso para vender de todo a los turistas, mucha gente por todos lados. No deja de ser entretenido el recorrido y es difícil no comprar nada, a pesar de saber que las cosas son más caras que en otros sitios. Nos quedamos muy sorprendidos con las cometas en forma de barco y hubiéramos comprado 10, pero no nos las podíamos traer. También me  quedé prendado de una pitón que usaban para la turistada del día y me hice la foto de rigor. Llegamos por fin al templo, era precioso. Se podía ver desde varios puntos a lo largo del acantilado, pero lo mejor era que se podía acceder a él porque había marea baja. Es un lugar mágico, lástima que siempre haya tanta gente al atardecer. Aún así se puede estar en alguna terraza sobre los acantilados sentado tranquilamente disfrutando de una Bintang mientras se esconde el sol. Nos fuimos muy contentos, era el colofón a la visita de los templos de Bali.            

De vuelta a Seminyak, de nuevo había mucho tráfico. Seguimos conversando con Made y le pedimos que nos llevara al aeropuerto al día siguiente. Al llegar a las calles de nuestro hotel, se había ido la luz. Pasamos a la villa a refrescarnos y salimos al centro de Kuta a cenar. Esta zona sí que estaba animada, aunque no saturada. Restaurantes modernos, tiendas de surf, bares de marcha y el sobrecogedor monumento conmemorativo de los atentados de Al Qaeda en los que murieron casi 200 personas. Es una de esas visitas tristes que hay que hacer, el sitio impresiona bastante. Entramos a cenar en un restaurante muy moderno lleno de australianos. Al ir al baño, me asustó un hombre que había junto al lavabo de cristal cuando antes de lavarme las manos se acercó y lo limpió para dejarlo reluciente. Me pareció un humillante para él y desagradable para mí. Por supuesto quería dinero y yo lo tenía en la mesa dónde íbamos a cenar. Es otra parte fea del turismo de esta parte de Bali. Cenamos bastante bien, aunque más caro que otras veces y nos fuimos paseando por las calles de Seminyak a la villa a dormir.       

 

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