Indonesia

DIA 17  27-5-2008 GILI-SEMINYAK Despedida de Gili, traslado, Villa Coco. Barco infernal, villa fenomenal.  

El último desayuno lo tomamos en la terraza frente al mar, qué pena nos daba. Como el barco lo teníamos a las 11, podíamos aprovechar para despedirnos de nuestros amigos los peces. Hicimos snorkel por última vez una hora, nos duchamos e hicimos el check out. Fui a llevar las aletas a nuestro amigo del Coral Beach Pizza y pase a despedirme de Ketut, el del hostal vecinos. Todos me pidieron que hablara bien de Gili y aquí lo estoy haciendo. Gili es un auténtico y desconocido paraíso. Si decidís ir, pasad a verlos, están antes de llegar al hotel Alam Gili, viniendo desde la zona central. Si dais recuerdos de Mr Willy y Diana, seguro que nos recordarán. Si no preguntad al chico del Alam Gili de las havaianas blancas. Nos recogió un cidomo en el que apenas cabíamos con las maletas y fuimos al embarcadero. Había bastante gente, para lo que es Gili, pero no todos íbamos en el mismo barco. El trayecto fue un infierno. Otra ve empezó a entrar agua por las ventanas. El movimiento y los golpes contra el agua cada vez eran más fuertes. Siempre tomamos biodramina y creo que es lo que nos salvó de acabar tan mal como el resto del pasaje. De 16 personas que iban en el barco, al menos 6 vomitaron. Las caras de algunas de ellas eran auténticamente de descomposición. Cuando llegamos a tierra firme, tras más de 1 hora de trayecto, todo se movía. Nos subieron en una furgoneta que nos trasladaba a la zona de Kuta, incluida en el precio del barco. Venían además 3 australianos con sus tablas de surf y su inglés ininteligible. Los australianos colonizan el sur de Bali. Dan ambiente y dinero, pero como en todos los lugares de vacaciones, no respetan como debieran a la gente. Creo que puede ser similar a los españoles que van a Punta Cana o la Riviera Maya. Dejamos en sus lujosos resorts a los australianos y sus tablas de surf. Nuestro primer destino era Villa Coco, que habíamos visto por internet. Hay que decir que el amable conductor se ofreció a llevarnos a varios sitios cuando dijimos que no teníamos nada reservado. Al llegar al hotel, preguntamos el precio en recepción y nos dijeron que 90 dólares más tasas (70 €). Se nos iba un poco de presupuesto, así que decidimos irnos. Por suerte, la dueña del hotel, que era extranjera, estaba por allí viendo lo que pasaba y nos preguntó que cuánto queríamos pagar. Le dijimos que 75 dólares (53 €)  y nos dijo que “paentro”. Le dimos las gracias al conductor por esperarnos y descargamos las maletas. Nos había salido redonda la jugada, no perdíamos tiempo y pagábamos poco dinero para lo que hay en aquella zona. Más nos alegramos cuando vimos la bonita villa y lo cerca que estaba de la playa.                  

La villa tenía la ducha al aire libre, un amplio jardín con cocina y porche, que desgraciadamente no pudimos aprovechar porque sólo vinimos a dormir. La piscina estaba muy bien y la comida también. Había muy pocas villas ocupadas. Por una puerta cercana a la piscina se llegaba a la playa de Kuta en 100 metros.  Fuimos a comer al paseo marítimo, al resturante Zanzíbar. Está en primera línea y es amplio, con comida internacional y muchos amables camareros. Nos comimos una hamburguesa riquísima. El precio de la comida fue de 10 euros, seguía siendo barato, a pesar de ser la zona más turística de Bali. Creemos que merece la pena conocerla, por lo menos de paso. No entendemos que se escoja este lugar ni ninguno del sur de Bali como destino de playa. Las playas están bien, animadas, con surferos, bares, servicios en la misma playa de bebidas y comidas, pero lejos de ser playas de agua transparente y muy lejos de la verdadera Bali de los templos y paisajes.  Después de comer fuimos un rato a la playa y cayó un bañito entre las gigantes olas.  También nos gustaba aquello, aunque bastante menos de lo que habíamos visto hasta ahora. Como anochece pronto, no estuvimos demasiado tiempo. De vuelta al hotel nos ofrecieron transporte, así que no teníamos problema para las excursiones del día siguiente. Pasamos por la villa para ducharnos y salir a dar una vuelta por Seminyak, unida con Legian y Kuta a lo largo de la costa. Con largos paseos se llega de una a otra. Con un taxi, por poco más de 1 € llegas a cualquier punto de las 3. Al pasear por las calles, nos sorprendió la poca gente que vimos. Seminyak está muy tranquilo en esa fecha. Vimos muchos comercios muy bonitos, tan cuidados como toda la isla. Todos vacíos, nada de clientes. Llegamos por casualidad al Café Bali, un restaurante precioso, de estilo colonial. Cenamos muy bien por unos 12€. Nos gustó muchísimo el sitio, lo recomendamos para ir por la noche. Andando llegamos al hotel, por las poco iluminadas calles. Pasamos por muchas tiendas, restaurantes, discotecas, pero todos demasiado tranquilos. Sí vimos un taller de pintura en el que pasamos un buen rato, porque tenía cuadros impresionantes y Diana quería unas clases. Le dijeron que de clases nada, que gratis le enseñaban cómo pintaban. Lo malo era el horario, ya que querían que fuera de madrugada. Pintaban las 24 horas el día. Cuando llegamos al hotel las calles interiores estaban iluminadas por velas, el toque final para llegar aún más relajados a dormir.  

 

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