Indonesia

DIA 15  25-5-2008 GILI Buceo, snorkel. Podríamos vivir así siempre. 

Desayunamos en las mesas que había en la misma playa con nuestros amigos argentinos. Esta vez habíamos pedido además de lo de siempre, un waffle, que era un sándwich cerrado con tomate aguacate y queso. No teníamos mucho tiempo, ya que íbamos a bucear y teníamos un paseo de 20 minutos. Varias veces, el encargado principal del hotel, que era prácticamente un niño, me había dicho que le gustaban mucho mis havaianas, las chanclas que me había traído mi amigo Álex de Brasil. Como además me hacían un poco de daño, decidí dárselas y desde entonces no sólo no se las quitó, sino que nos decía que estaba muy contento con ellas.  Esta vez, el paseo lo hicimos por el camino paralelo a la playa que tiene mucha sombra. Además se pueden ver todos los hoteles, albergues, restaurantes y es entretenido. No parecía haber mucha ocupación. Al llegar a Trawangan Dive, nos dijeron el lugar adónde íbamos a bucear y no era el que habíamos elegido nosotros. Por eso comenté antes que no tienen mucho interés por los clientes. Fuimos con una monitora sudafricana, aunque en el barco venía también alguno indonesio. La inmersión fue bonita, tranquila y a poca profundidad. A Diana le sobró media botella de oxígeno, a pesar de haber estado 45 minutos bajo el agua, señal de lo plácida que había sido.  

Después de bucear, comimos algo por los bares de alrededor. Entramos en un locutorio para llamar por teléfono a un par de hoteles de Seminyak, ya que aún no teníamos reservado nada para los últimos días en Bali. Nos hicieron la reserva en ambos por teléfono, son pedirnos ningún dato, ya que queríamos verlos antes. Parecía que no había mucha ocupación, ya que insistieron en reservarnos las habitaciones.  Volvimos andando al hotel, pasamos con cierto sigilo por la zona de nuestros “amigos” barqueros, como cada vez que hacíamos este camino. Al llegar al hotel, yo me fui a hacer snorkel y Diana se quedó pintando unas acuarelas en la terraza. Era como si estuviéramos en casa. Desde el mar yo saludaba de vez en cuando, para que Diana estuviera tranquila. A veces me paso 2 horas en el agua persiguiendo bichos. Las invitadas a ver el atardecer de hoy eran Kathy y Charlotte. Eran pareja y vivían en Londres. Kathy era de Nueva Zelanda y Charlotte inglesa. Nuestro inglés progresaba por momentos, ya que no había más remedio que usarlo para comunicarnos durante largos ratos. Nos trajeron el té de la tarde y vimos ocultarse el sol con otra agradable compañía. Cuando se viaja se conoce a personas que desgraciadamente no verás jamás, pero que tampoco olvidarás. Pasamos ratos muy buenos en Gili con estos compañeros de viaje.                       

Después de anochecer, nos tumbamos en nuestra cama de la terraza y nos volvimos a quedar dormidos hasta bien tarde. Nos despertamos sobre las 11 de la noche y decidimos seguir durmiendo al aire libre, escuchando el mar y sintiendo una suave brisa que aliviaba el calor. El día había sido muy completo, como todos, pero con más tiempo para el relax. Podríamos vivir siempre así.    

 

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