Indonesia

DIA 14  24-5-2008 GILI Excursión snorkel, zona animada de la isla.  Diferencia entre “pohrrr jandred” y “four hundred”. 

No tan temprano como en Bali, nos levantamos para desayunar frente al mar las clásicas tortitas, fruta y zumo. Teníamos que estar a la sombra porque el sol abrasa desde los primeros rayos. Hoy íbamos a ir y volver varias veces a la zona de mayor concentración de la isla, aún así muy tranquila.  Fuimos andando por la orilla del mar, observando los bonitos colores del agua. También se veían desde Gili Trawangan los volcanes de Lombok y Bali, además de las hermanas menores (Air y Meno). Un paisaje de lo más bonito y relajante. La idea era ir a hacer snorkel con algún barquero y contratar el buceo para los siguientes días. Encontramos a 2 menudos pescadores y preguntamos por una excursión por Gili Meno y Gili Air para hacer snorkel. Se alegraron bastante, porque no todo el mundo sabe que puede ayudarlos en vez de ir con compañías extranjeras de buceo. Normalmente siempre preguntamos a gente del lugar para estas actividades. Al fin y al cabo son los que mejor conocen el mar, las corrientes, las mejores zonas de coral… El caso es que hubo un gran malentendido que no descubriríamos hasta el final de la excursión. El precio que nos dijeron fue de 100.000 rupias (unos 7 euros). Lo vimos muy barato, pero entendimos que sus circunstancias no eran muy buenas y siempre podíamos dar una buena propina si se portaban bien. Les dejamos las aletas, gafas y toallas y seguimos hasta el club de buceo. En Trawangan Dive, contratamos 2 inmersiones en días consecutivos por 25 euros cada una. Está regentado por surafricanos, sin demasiado interés por las preferencias de los buceadores, pero correctos en el trato. Rellenamos la documentación y volvimos de nuevo con nuestros amigos pescadores.  Salimos a navegar sólo nosotros 2 con los barqueros por las aguas transparentes y tranquilas, muy despacio para ver el coral y los peces desde la barca. Nos alegrábamos pesando lo que veríamos una vez estuviéramos dentro del agua. Nos dirigimos a las cercanas islas de Gili Meno y Gili Air y vimos algunos tranquilos hoteles desde la barca. Paramos a hacer snorkel en 4 puntos distintos, a cada cual más espectacular. Cada sesión fue de unos 45 minutos, por lo que pasamos una entretenida y cansada mañana. En cada sesión, uno de los barqueros venía con nosotros y nos enseñaba todo lo que él veía, sin ser agobiante, sino todo lo contrario. Vimos tortugas, morenas, langostas, peces escorpión, mucho coral y gran variedad de peces de colores. El agua era increíblemente transparente, estaba calentita y en las zonas donde había corriente, el barco nos dejaba y nos esperaba más adelante.            

Tras 4 horas de disfrutar del paraíso submarino de Gili, nos llevaron a desembarcar al hotel. Aquí vino el mal rollo. Subí a la habitación para darles 150.000 rupias en vez de las 100.000 acordadas. Se enfadaron cuando vieron el dinero y comenzamos a discutir sobre el precio, ya que no entendíamos muy bien qué pasaba. Con la mano, decían que 4 (pohrr) no 1. Nosotros decíamos que habíamos quedado en 100.000 rupias y ellos aseguraban que eso era imposible. Realmente, nos dijero “okey, gou esnorkel pohrrr jandred tausen rupia”, para nosotros claramente íbamos a hacer snorkel “for” (por) 100.000 rupias. En un momento de la discusión, se nos encendió la luz de dónde estaba el equívoco. Ellos decían: we said to you, go snorkel, “pohrr” hours, “pohrr” hundred rupiah. Igual que en Tailandia o China pronuncian la “r” como “l”, en Indonesia pronuncian la “f” como “p”, además four y for ya son suficientemente difíciles de distinguir. No nos quedamos muy convencidos de todas maneras, así que dijimos “ni pa ti ni pa mi, 200.000”, pero no querían y seguían muy enfadados. Al final y bien enfadados nosotros también, les dimos 300.000 rupias (unos 20 euros). Seguía siendo poco dinero para la excursión, pero nos sentíamos algo engañados, aunque hubiera sido todo un malentendido. Cuando se fueron, preguntamos en el hotel por el precio de una excursión de snorkel y también se anduvieron con rodeos. Nos enfadamos con ellos y nos dijeron que entre 400 y 500 mil rupias. A día de hoy todavía no tenemos claro qué fue lo que pasó, si al principio nos pidieron poco dinero para tener algo de trabajo o no los entendimos. El caso es que el resto de los días tuvieron la barca allí parada y nosotros le dijimos que repetiríamos algunos días más y con amigos. Perdieron el negocio. Este es un pequeño ejemplo de cosas que pueden ocurrir con el idioma y con las negociaciones de precios. Cuando lo ves desde allí, hay cosas que pueden parecer un timo gordo. Cuando lo ves desde España, te das cuenta de lo ridículo que puede ser este dinero, cuando tienes que pagar una pasta para aparcar por horas, por ejemplo. Hay que dejar bien claro el precio de las excursiones antes de empezar, ya que normalmente se pagan después de hacerlas y es cuando vienen los problemas.  

El enfado no nos había quitado el apetito. Estábamos muy hambrientos por las horas de ejercicio en el agua. Fuimos a comer de nuevo al Coral Beach Pizza, acompañados únicamente por varios gatos, ya que seguía solitario. Y la gente comiendo en los hoteles…  

Volvimos a nuestro hotel y yo me fui a hacer snorkel de nuevo, mientras Diana se quedó pintando unas cuarelas desde nuestra espectacular terraza. Con la marea baja costaba un poco salir del agua, así que había que estar atento para que no se hiciera muy tarde. Ese día teníamos invitados a nuestra terraza: nuestros amigos argentinos. Pedimos el té y vimos el atardecer desde allí, esta vez bien acompañados. Qué bonito era el paisaje del mar y las barcas con el sol escondiéndose en el horizonte. Nuestros amigos estaban encantados.   

Decidimos ir a cenar juntos al “centro”. El trayecto era de unos 15 minutos, aunque paseando en la oscuridad y charlando se hacía casi en 1 hora. Hay varios restaurantes muy bonitos, modernos y baratos. Elegimos el que más nos gustó por unas espectaculares brochetas que vimos al pasar. La cena fue de unos 8 euros por persona. Exquisita.               

La vuelta la hicimos de nuevo por la playa, con las linternas del hotel. Daba un poco de respeto tanta oscuridad, pero acompañados íbamos entretenidos. De vez en cuando veíamos algún movimiento de cangrejos en la arena, pero apenas vimos a gente. Al llegar al hotel, nos despedimos hasta el día siguiente, que iríamos a bucear juntos. Cómo hacía algo de calor y eran todavía las 10, decidimos tumbarnos a leer y a ver las estrellas desde la cama que teníamos en la terraza, todo un lujo. Nos despertamos a las 2 de la mañana y nos fuimos a la cama de la habitación.   

 

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