Indonesia

DIA 13  23-5-2008 GILI Traslados hasta Gili Trawangan, primer contacto con la isla. ¿Esta terraza es para nosotros sólos? 

Nos quedamos sin desayuno por madrugar tanto, pero teníamos que estar a las 7 en Nusa Dua. Ketut ya nos esperaba cuando llegamos a la recepción, así que cargamos las maletas en su todoterreno, dimos las gracias por el trato recibido y por lo maravilloso del hotel. Este trayecto lo negociamos por 12 €, algo más barato que el taxi desde el aeropuerto teniendo en cuenta que era más largo y muy temprano. No le gustó mucho a nuestro guía la negociación previa, pero preferíamos darle una buena propina. En poco más de una hora estábamos en el puerto de embarque de Blue Water Safari. Nos despedimos con un abrazo de Ketut, prometiéndole que le haríamos publicidad para que tuviera más trabajo. Como llegamos a buena hora, hicimos los trámites de documentación y desayunamos algo en el restaurante del puerto. El barco no era muy grande, pero sí rápido y nos esperaban 45 minutos de incómoda travesía. Al poco tiempo empezó a entrar agua por las ventanillas y nos mojamos, así que nos dieron toallas para tapar algunas ventanas y secarnos. Sólo queríamos llegar cuanto antes. La primera parada la hizo en Lombok, en una zona que no tenía muy buen aspecto y a la que llegaban varios mochileros sin ningún contacto previo. Les deseamos suerte. 5 minutos más tarde llegamos a Gili Trawangan, a tierra firme, a la más grande de las 3 islas Gili. Gili Trawangan es una isla sin coches ni motos, con una zona costera de concentración de pequeños hoteles, restaurantes y clubes de buceo, otra zona céntrica y de difícil acceso dónde vive la gente originaria de allí y varios hoteles desperdigados alrededor de la isla. Los medios de desplazamiento son barcas, bicicletas y carros tirados por un caballo (cidomos). Uno de estos últimos nos esperaba para llevarnos cruzando la isla por el interior hasta nuestro hotel, un poco apartado, pero alcanzable andando desde la zona más animada. Al llegar al hotel, nos pidió el conductor 45.000 rupias. No entendíamos que el hotel enviara el transporte y que tuviéramos que pagarlo nosotros. Además, era carísimo comparado con Bali, pero no tuvimos más remedio que pagar. En la recepción nos dieron un zumo para beber mientras rellenábamos algunos papeles. Estábamos impacientes por ver nuestra habitación y empezar a disfrutar de la isla. Conocimos a una pareja de argentinos que también acababan de llegar, así que aprovechamos para hablar un poco de español e intercambiar información. Tras los trámites nos llevaron a la habitación. No nos gustó mucho al principio (es el problema de venir de excelentes hoteles a muy buenos hoteles). Hacía mucho calor en la habitación, era relativamente pequeña y el baño exterior un poco incómodo. La terraza era espectacular, pero pensábamos que era común y que el resto de inquilinos podrían estar delante de la habitación, restándonos intimidad. Con los días nos dimos cuenta del lujo que teníamos.           

Nos pusimos los bañadores y nos dirigimos hacia la zona central, para alquilar aletas (las gafas siempre las llevamos) y ver los maravillosos fondos marinos de Gili. Nada más salir del hotel, caminando por la desierta playa, encontramos a Kathy, una mujer neozelandesa que nos acompañaría durante nuestra estancia y con la que practicaríamos mucho inglés. Le preguntamos dónde hacer snorkel y nos indicó una zona en la que de vez en cuando se veían tortugas. Era la zona indicada en los planos cómo un snorkel point. Le dimos las gracias y continuamos. Pasamos por el que sería nuestro restaurante oficial durante los siguientes 4 días, preguntamos por el alquiler de las aletas para todos los días y directamente nos las llevamos por 2 € (2 pares, 4 días). Hicimos un rato de snorkel, recordando esos momentos que se viven tan pocas veces, de estar dentro de un acuario. No había muchos peces ni mucho coral, pero estaba entretenido. Vimos varias tortugas que nos alegraron lo que quedaba de mañana.  Con mucha hambre volvimos al restaurante que habíamos elegido para almorzar a diario. Muy sencillo y espectacular. Se comía en unos palafitos sobre el agua del mar. Lo mejor era su cerveza fría y sus pizzas de horno de leña, aunque no tenía demasiada variedad, pero sabían a gloria tras las sesiones de snorkel. Cada almuerzo nos salió por unos 6 euros los 2, con varias bebidas. Llamaba la atención lo solitario que estaba, pero es que esa zona es de los más tranquila y la gente no sale mucho de los hoteles.  El dueño era muy amable, atento y tenía cara de buena persona.          

Por la tarde, hicimos de nuevo snorkel en la zona frente al Alam Gili y descubrimos que era la mejor, por lo que no tendríamos que ir lejos a ver peces y coral. Las sesiones eran de una hora aproximadamente y con la cámara con carcasa subacuática, se convertían en un auténtico safari fotográfico submarino. Si hacer snorkel ya es una de las mejores actividades que se pueden hacer en la vida, con la cámara mucho más, para poder recordar lo que ves. Describir peces, crustáceos y corales no es muy difícil, enseñar las mejores capturas en fotos es cómo enseñar trofeos. Vimos el primer atardecer desde nuestra terraza gigante. Sencillamente espectacular. Sentados en los puff tomando el té de la tarde, con el mar a pocos metros y nosotros solos. Lo disfrutamos muchísimo y decidimos que el resto de días deberíamos compartir esa suerte. Nos duchamos y fuimos a cenar a otro pequeño hotel cercano. Pensamos que el Alam ya tenía suficiente con la estancia y que había otros alojamientos solitarios que necesitarían algo de movimiento. Para el corto trayecto por la orilla de la playa, llevamos una linterna que había en la habitación. Así conocimos a otro Ketut, el dueño de un pequeño hostal un poco desesperado por el poco negocio. Otra buenísima persona, hablaba con nosotros cuando lo creía conveniente, sin tampoco querer ser pesado. Cada día lo saludábamos y le comprábamos algunas bebidas. Cenamos pescado, que a pesar de estar bueno, no nos supo demasiado. También tiene palafitos, pero sobre la arena. Nuestros amigos los gatos rondaban por todos lados al olor del pescado. Para nosotros son agradable compañía. Nos despedimos de Ketut y nos fuimos a dormir.     

 

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