Indonesia

DIA 12  22-5-2008 BALI Ubud, Alam Shanti. No queremos abandonar el palacio. 

Otro día soleado comenzaba con el delicioso desayuno en el porche de la habitación. Cuando el sol iba subiendo y nos daba de lleno, nos teníamos que levantar de la mesa porque hacía mucho calor. Hoy teníamos pendientes algunas visitas en Ubud y despedirnos del Alam Shanti. Desde el hotel, se llega andando a la parte de atrás del Monkey Forest. Cruzando el parque, se llega a la calle principal de Ubud. El corto camino está rodeado de campos de arroz, así que el paseo es agradable. Por este acceso no cobran entrada, por el principal sí, aunque es una miseria. Nada más acceder al Monkey Forest apareció una gran cantidad de monos, de todos los tamaños y un poco acechantes. Venden plátanos en el interior, pero no es demasiado aconsejable hacer rabiar a los monos, ya que se llevan todo lo que pillan y te puedes llevar un arañazo o un bocado. Hay varios templos dentro de este inmenso parque pero ese día estaban cerrados, aunque se podían ver bien desde fuera. La zona más bonita es la del arroyo. Hay un puente espectacular, rodeado de grandes árboles. Cuando llegamos a la entrada principal, accedía al parque una familia indonesia. Uno de los niños pequeños llevaba un paquete de gusanitos, lo que era un gran reclamo para los monos que todo lo ven. Uno saltó desde un árbol y se la arrebató entera de la mano, ante los gritos de los niños y risas de los mayores. Al final no entraron porque los niños tenían miedo.         

A la salida del Monkey Forest cambiamos dinero en una de las muchas oficinas de cambio. Hay muchas en la calle principal y en los alrededores del mercado y realmente sorprendía la diferencia de cambio entre unas y otras, por lo que aconsejamos mirar varias antes de cambiar. En todos los casos fueron muy honrados, es más, alguno me regaló monedas antiguas. Vimos varios templos de las calles secundarias y tuvimos la suerte de encontrar uno lleno de coloridas ofrendas y adornos. Se preparaba para una ceremonia festiva nocturna. Pasaron varias mujeres con jarrones cargados de fruta sobre la cabeza y no pudimos evitar hacer fotos. A la mayoría de las personas les gusta que le hagan fotos, sonríen y casi lo agradecen, es como si estuvieras diciéndoles que te gusta lo que ves. Por supuesto también hay quién no quiere ser fotografiado y desgraciadamente no todo el mundo lo respeta. Entramos en algunos patios pensando que eran templos y nos sorprendimos al comprobar que eran alojamientos baratos. Tenían muy buena pinta. Vimos varios en la calle Hanoman, la paralela a jalan Monkey Forest. También paramos en varias tiendas de artesanía. Comimos por la zona del centro y llamamos al taxi de nuestro hotel. La tarde la pasamos en la piscina del Alam Shanti. Sonará a pérdida de tiempo, pero no es así. La piscina era espectacular, con vistas a la selva y con caída de agua en uno de sus extremos. Las fotos lo explican mejor… No había nadie, sólo nosotros y el paraíso. Nos trajeron allí el té de la tarde, leímos algo sobre nuestro siguiente destino (Gili) y nos bañamos varias veces.           

Volvimos a la habitación para hacer las maletas, pagamos la estancia, que nos salió más barata de lo esperado gracias a pagar en rupias y salimos a cenar al Café Wayan para despedirnos de Ubud. Nuestro taxi fue tan puntual y servicial como siempre. Con pena nos fuimos a dormir, era nuestra última noche en Ubud y teníamos un madrugón pendiente para el día siguiente.     

 

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