Indonesia

DIA 11  21-5-2008 BALI Templos del oeste, campos de arroz. Sí, es la isla de los dioses. 

Habíamos elegido nuestro desayuno la noche anterior en la recepción. Nuestras tortitas estaban listas a la hora convenida, por lo que salimos al porche a ver qué rodeaba nuestra villa. Otra emoción más, un estanque lleno de nenúfares iba a ser el paisaje que íbamos a ver cada mañana desayunando. Al no haber cenado mucho, el desayuno nos supo mucho mejor si cabe. Las tortitas gigante de banana fueron el manjar preferido durante nuestro viaje. Cuando fuimos a la entrada del hotel, Ketut ya nos esperaba con su sonrisa y sus ganas de charlar. Le contamos lo impresionante que era el hotel, de sólo 8 habitaciones y nos dijo que se lo iba a recomendar a unos clientes japoneses que habían contactado con él. Nos subimos al coche, metió su casete con la canción única, por la cara A y por la cara B y salimos en busca de otro apasionante día. La música es algo esencial en Bali. No siempre es comprendida por los turistas, pero os aseguro que os marca. Compramos un CD que ahora ponemos en casa de vez en cuando y nos traslada de nuevo a Bali. La primera parada fue en Mengwi, en el Pura Taman Ayun. El templo está precedido por una gran extensión de césped y un foso. Los merus (santuarios de varios pisos) son impresionantes aquí. Una vez más prácticamente solos pudimos hacer algunas de las mejores fotos del viaje.         

El camino al lago Bratan está rodeado de campos de arroz y de pequeños pueblos, aunque era un trayecto largo, nunca era aburrido. Los perros durmiendo en la carretera siempre lo hacían emocionante. No entiendo cómo no se ven atropellados a cientos. Ningún conductor frena y los perros se levantan tranquilamente, para que el coche pase rozándolo. Las conversaciones con Ketut también eran muy interesantes. Nos contó que tenía un niño pequeño, que sabía inglés y japonés, que había bajado mucho el turismo desde los atentados de Kuta y muchas cosas más. Una ventaja más de ir por tu cuenta es que puedes preguntar todo lo que quieras saber y puedes conocer a gente del lugar. Entre las historias más interesantes nos contó su ceremonia de limado de dientes, dolorosa sólo de oírla. Además nos confesó que usaba cremas para blanquear la piel, porque para ellos el color negro es sucio y el blanco limpio. Él decía que quería tener nuestro color de piel, moreno del sol, pero no tan oscuro como él. Dijo varias veces que él era parecido a un mono y tampoco lo contradijimos demasiado, porque feo era bastante. Eso sí, al teléfono móvil lo llamaban varias veces al día mujeres y nunca parecía la suya. Llegamos al famoso Pura Ulan Danu Bratan. El templo del lago. Es de esos sitios muy bonitos, pero que te crean muchas expectativas, con lo cuál no los disfrutas tanto. Por supuesto hay que ir a verlo, es precioso, pero a nosotros nos pareció un poco pequeño. Unas nubes pasajeras también deslucieron algo el momento.      

Más tarde, paramos a comer en otro de esos sitios con impresionantes vistas, en este caso a terrazas de arroz de un valle. Era un restaurante de comida local con muy poca variedad y nada que comer que no fuera extremadamente picante. Diana pidió un pescado a la europea y nuestro guía advirtió a la camarera que no trajera picante. Dio igual, la comida estaba imposible. Al preguntar por qué ponía a la europea en la carta nos dijo que era por poner algo, que no sabían que era la comida a la europea. También trajeron una especie de pinchitos de carne bastante buenos, con su picante, por supuesto. Resultaron ser de ardilla y venían rebozados con leche de coco. Fue lo mejor del almuerzo. Hicimos algunas fotos desde el desierto restaurante y seguimos nuestro camino.De camino a Jatiluwih, la mejor zona de Bali para ver las terrazas de arroz, pasamos por un pueblo en el que estaban celebrando una ceremonia. Es bastante habitual encontrarlas por el paso de las aldeas y es un espectáculo para el visitante. Cayeron las primeras gotas desde que llegamos a Bali, pero duraron poco tiempo. Ketut nos dejó en la carretera para que anduviéramos observando un valle lleno de terrazas de arroz. La vista era muy relajante.   

La siguiente visita era el Pura Luhur Batukau, un templo perdido en la zona montañosa, rodeado de mucha vegetación, pero con buena carretera para llegar. El olor a mojado era muy intenso, dimos un pequeño paseo por el solitario lugar y seguimos la marcha.   Le habíamos pedido a Ketut parar en su casa, para conocer a la gente de su aldea y a su niño. Él ya lo tenía previsto, ya que no iba a dormir a casa todos los días. Pasamos otro de esos ratos tan especiales que no vienen en las guías y que no se pueden reservar ni contratar. Estuvimos casi una hora conociendo a niños de los alrededores, que se acercaron a vernos. También conocimos a la suegra de Ketut y a su abuela. Vimos juntas a 4 generaciones balinesas en un patio rodeado de varias casas. Preguntamos por una especie de templo y resultó ser la casa de su vecino. Cualquier casa lo parece. Ketut transmitía nuestras preguntas y nuestros agradecimientos a sus vecinos y familiares entre arrumacos a su hijo. No parecían tener necesidades. Aún así ocurrió algo curioso, había una niña de unos 4 ó 5 añitos que se acercó con su abuela. La abuela señalaba y empujaba suavemente a la niña hacia Diana mientras le decía a la nieta que la llamara “mamá”, parecía que quería que nos la lleváramos. Terminamos la visita en una tienda bastante cutre comprando dulces para todos los niños del pueblecito, jeje, qué contentos que se pusieron.            

Acababan nuestras excursiones alrededor de Ubud. El tiempo nos había cundido bastante, pero nos daba la sensación de que lo que había que visitar era sencillamente todo. Nunca se puede decir en Bali que has visto lo más importante. De vuelta al Alam Shanti, vimos más ceremonias, más aldeas, más gasolineras indonesias y algo muy curioso que no acertamos a fotografiar. Cuando la lluvia arreciaba, las personas que circulaban por los inexistentes arcenes de la carretera usaban de paraguas con una hoja gigante que cortaban del campo, al más puro estilo abeja Maya.  

Llegamos al hotel y nos despedimos de Ketut hasta pasados 2 días. Nos dimos un baño en la piscina y salimos a cenar. Otra magnífica prestación del Alam Shanti, incluida en el precio, es un taxi para llevarte por Ubud y los alrededores. Cenamos en el Lotus Café de maravilla, con un ambiente muy tranquilo y con el templo del interior iluminado. Cuando terminamos de cenar, pedimos que avisaran al hotel y en 10 minutos nos recogieron. Ya en el taxi nos quedamos dormidos, aunque el trayecto era muy corto. Al llegar al hotel dijimos: “lo de siempre”, para desayunar y nos fuimos a dormir.     

 

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