Indonesia

DIA 10  20-5-2008 BALI Templos del este, volcán Gunung Batur. ¿Bali está masificada? 

Desayunamos frente a la famosa piscina privada, en la terraza, otras deliciosas tortitas y muchas cosas más. Nos dimos el último baño y recogimos nuestras cosas. Una pena abandonar tan pronto aquella lujosa villa. Nos esperaba nuestro conductor, Ketut, una incógnita, pues sólo habíamos hablado un rato con él hace 2 días. Llegó muy puntual y animado, nos subimos a su todoterreno y comenzamos nuestra primera excursión por Bali. Más o menos habíamos decidido qué era lo que queríamos ver cada día, siguiendo algún consejo suyo y lo que ofrecían las agencias locales. En primer lugar, muy cerca de Ubud, paramos en un teatro al aire libre dónde vimos una danza balinesa. Fue interesante, pero demasiado orientada a los turistas. Para empezar estuvo bien, aunque salimos un poco asustados de la cantidad de japoneses que habían llegado en autobuses. Por suerte, no nos volvimos a cruzar casi a turistas en el resto del día.   La siguiente parada fue en la cueva del elefante (Goa Gajah). Era otro de los sitios tan conocidos que no nos impresionó demasiado. Ketut se quedó en el coche, por lo que intuimos que su función sería únicamente la de conductor. Durante los trayectos, preguntábamos todo lo que se nos ocurría sobre lo que íbamos a ver o habíamos visto, pero él no entraba a los templos. Realmente es preferible así, para poder ver con tranquilidad las cosas.  La parte más bonita es la entrada a la minicueva, labrada en la piedra de la montaña.   

Llegamos a Gunung Kawi y nos esperaba una buena caminata hasta llegar al río a la zona de los santuarios excavados en la piedra. Las terrazas de arroz que se ven durante la bajada son muy bonitas. Aquí si que no había nadie. Es de los pocos sitios en los que te obligan a llevar un pañuelo atado a la cintura. Si no tienes, te lo alquilan o te lo venden. Todos los precios son simbólicos: 0,3 € algunas entradas, 0,5 € otras, 0,6€ un pañuelo… La subida  a la vuelta nos dejó muy cansados y sólo acabábamos de empezar. Suerte que por horas se nublaba un rato, pero no dejaba de hacer calor.         

En poco tiempo estábamos en los manantiales sagrados de Tirta Empul. Aquí pudimos ver cómo los balineses se purifican en las fuentes. Vienen desde todos los lugares para realizar esta ceremonia, muy festiva para algunos y bastante seria para otros. Las ofrendas repartidas por todo el templo dan mucho colorido, aunque llega un momento en que pasan de ser adorno a ser alimentos consumidos allí mismo en una especie de picnic festivo. Normalmente las ofrendas son frutas, pero llegamos a ver hasta pollos asados en las cestas colocadas ordenadamente. Nos gustó mucho esta visita.  

Aprovechamos la hora de comer para visitar el antiguo volcán de Gunung Batur. Esto lo hicimos por recomendación de nuestro conductor, que seguro tenía una pequeña comisión por parar allí. El sitio impresionante, la comida bastante regular y el precio muy caro, para lo que es Bali. Las vistas son las que encarecían la comida, pero no superó los 7 € por persona. Hacía frío porque corría mucho aire en aquel balcón sobre el abismo. Es recomendable llevar algo de ropa de abrigo, ya que en una excursión por Bali puedes pasar de un calor insoportable a un frío  desagradable. Charlamos con un balinés hincha del Barça durante un rato. Sabía bastante más que nosotros sobre las últimas novedades del fútbol español.          

Salimos en dirección al Pura Besakih, ilusionados porque es el templo madre y el más grande de Bali. Ya antes de llegar a la entrada del pueblo, nuestro guía tuvo que pagar más de lo que exigía el peaje habitual. Puestos a contar lo peor de Bali, hemos llegado al punto. En las carreteras de entrada a muchos pueblos y templos, suele haber un puesto de peaje. El guía paraba daba un billete de 10.000 o 20.000 rupias y a veces le dan un ticket. Otras veces, directamente le pedían más dinero y no le daban nada. Además, sacando el brazo por la ventanilla hacia abajo y de forma discreta, pero muy visible, le daba otro billete al policía. Imaginaros, le pagábamos al día 220.000 rupias y en cada peaje o parking se dejaba mínimo 20.000 rupias. Al final del día no tendría ni para gasolina. Lo triste es que la policía se llevaba la mayor parte. Al preguntarle por el tema, nos decía sonriendo que la policía cuida del pueblo y por eso le tienen que pagar. Nosotros le decíamos que él tenía que estar bien cuidado, porque se dejaba una pasta. El caso es que nos bajamos del coche y nos dirigimos andando por una carretera en dirección al templo. Varias personas nos observaban con cara de pocos amigos y no entendíamos por qué. Preguntamos a Ketut y nos dijo que debíamos pasar por otro “peaje”, esta vez andando. Nos dirigimos a una caseta de madera y nos dijeron que era obligatorio contratar un guía local. Nos sentó fatal porque veíamos que era algo raro, pero no queríamos irnos sin ver el Besakih. Preguntamos por el precio y nos pidieron la voluntad, ya que realmente no podían cobrar una tarifa. Habíamos pagado una media de 4000 rupias por templo (0,3 céntimos), por lo que ofrecimos 30.000 (2 euros). Se pusieron violentos y nos dijeron que nos largáramos. Preguntamos qué ocurría y nos sacaron un libro dónde nos decían que había gente que había pagado 30 euros por entrar, así que después del desagradable rato, el único en el que sentimos miedo en todo el viaje, decidimos irnos. De camino al coche, varias personas nos decían que ellos nos acompañaban gratis a ver el templo. No queríamos más problemas, habíamos dado con la corrupción y la extorsión en forma de pueblo y de templo y menos mal que no había policía cerca, que si no nos cuesta hasta más caro salir del pueblo. Al subir en el coche leímos en la guía de Indonesia que lo que nos había pasado era algo habitual. Por eso, y aunque es una pena perderse este templo, creemos que no merece la pena ir allí. Además, requiere tiempo desplazase hasta allí, es preferible ver otros muchos sitios más bonitos y con gente muy amable. Muy enfadados y con el cuerpo cortado, preguntamos a Ketut por el incidente y nos comentó que pasaba a veces y que nos había llevado por el acceso menos conflictivo, menos mal. Nos ofreció ir a otro gran templo, del que no recordamos su nombre ni ubicación. No había nadie, era muy grande y bonito. Nos gustó mucho y por lo menos terminamos el día con una visita agradable.  

De vuelta a Ubud, pasamos por el Kajane para recoger las maletas y por la lavandería a recoger la ropa limpia. No lo sabíamos, pero nos dirigíamos al hotel más especial que hayamos estado nunca: el Alam Shanti. Nos llevó nuestro guía, ya bien tarde. Nos dejó en la recepción y se marchó, tenía que conducir un buen rato aún y volver al día siguiente temprano a por nosotros. Hicimos el check in y nos dirigimos a nuestra habitación-villa. Era muy de noche y los alrededores se intuían muy bonitos, con campos de arroz y mucha vegetación. El ruido de todo tipo de animales nocturnos era un auténtico concierto.  Nos acompañaron a la habitación y no recuerdo ni qué nos dijeron dentro para darnos las instrucciones. Tal como cerraron las puertas para dejarnos a solas nos pusimos a gritar… y saltar… y a llorar. Estábamos en la habitación de un palacio. No teníamos muchas esperanzas porque era relativamente barato y veníamos del hotel de súper lujo. Quizá por eso la emoción fue mayor. Íbamos a pasar 3 noches en un palacio (¡por 53 euros la noche!). Una pequeña descripción, aunque en las fotos se podrá apreciar algo, muy poco. El dormitorio era gigante, de 100 m2, el baño exterior también, con una bañera en la que si te tumbabas, te hundías porque no llegabas a apoyarte en los laterales ni en el fondo. La decoración era la de los templos que habíamos visto durante el día, con puertas de madera labrada, cama con mosquitera, figuras decorativas balinesas…            

Estábamos muy cansados y no queríamos salir de allí, por lo que nos comimos parte de la fruta de cortesía y algunos tentempiés que llevábamos en la mochila. Nos dimos un baño en la bañera gigante con mucha espuma y nos fuimos a la cama a admirar la habitación desde allí, hasta que caímos dormidos.       

 

Deja un comentario