Hace pocos días se produjo una noticia que convulsionó el sector turístico de España. La quiebra de la compañía Spanair con la interrupción en el instante de los vuelos programados, dejó tirados a miles de viajeros. Por desgracia es otro atropello más a los viajeros que pagan su billete a empresas que ya tienen previstas su desaparición y que no hacen más que estafar a sus clientes. Ya lo vivimos hace tiempo con Air Madrid, más tarde con Air Comet y ahora se repite la historia. ¿Cómo es posible que se permitan este tipo de tropelías y los responsables no pasen una temporada en la cárcel? En todos los casos ha ocurrido lo mismo, se coge el dinero de vuelos futuros y se cierra la compañía, con evidente mala fe. Los usuarios se quedan sin los vuelos y sin el dinero, una auténtica vergüenza.
El debate paralelo propiciado por los desmanes del propietario de Ryanair ha sido muy intenso en todos los foros y comentarios de noticias. Evidentemente la manera de proceder del dueño de Ryanair ha sido nefasta, vergonzosa. Dicho esto, los comentarios que he leído en muchos lugares sobre Ryanair no tienen sentido. Volar con Ryanair no es obligatorio, como parece entenderse en muchas ocasiones en las críticas a esta compañía. Sus precios son insuperables y gracias a ellos muchas personas han podido desplazarse por toda Europa. Las bases en pequeñas ciudades han hecho que no sea necesario viajar a Madrid o Barcelona para ir a París, Londres, Roma y cientos de ciudades más. Los servicios de Ryanair son acordes a los precios, los desplazamientos están muy por encima de lo que cobra esta compañía. Se podría decir que Ryanair es la única compañía low cost de Europa Occidental, ya que otras se autodenominan de bajo coste esperando captar a clientes incautos.